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sábado, 18 de mayo de 2013

STEPHEN KING - LA PLANTA II


 STEPHEN KING
LA PLANTA II



S I N O P S I S
 

JOHN KENTON, quien asistió a la Universidad Brown, especializado en Inglés, y quien fuera presidente de la Sociedad Literaria, ha tenido un brusco despertar en el mundo real: él es uno de los cuatro editores de Zenith House, una editorial de libros de bolsillo de Nueva York. 
 
Zenith tiene el 2% del mercado de libros en rústica y es decimoquinto en una lista de quince editoriales. Todo el personal de Zenith House está angustiado ya que Apex, la corporación dueña, puede decidir poner la casa en el mercado si no hay un repunte en las ventas en el año civil de 1981... y debido a la pobre red de distribución de Zenith, eso parece improbable. 
 
El 4 de enero de 1981, Kenton recibe una solicitud por carta de CARLOS DETWEILLER, de Central Falls, Rhode Island. Detweiller, de veintitrés años, trabaja en la Casa de Flores de Central Falls, y está ofreciendo un libro escrito por él llamado Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. Para Kenton es obvio que Detweiller no tiene absolutamente ningún talento de escritor... pero en ese caso, ninguno de la mayoría de los escritores de la lista de Zenith lo tiene (el más vendido: la serie de Macho Man). Él alienta a Detweiller para que envíe algunos capítulos de prueba y un borrador. 
 
En cambio, Detweiller envía la obra completa, que es aun peor que lo que Kenton –quien pensó que el libro quizás pudiera recortarse, re-escribirse, y exprimirse para el público de The Amityville Horror– hubiera imaginado en sus peores pesadillas. Pero la peor  pesadilla de todas  está  en las fotografías que Detweiller adjunta. Algunas son fotos penosamente falsificadas del desarrollo de una sesión de espiritismo, pero una serie de cuatro fotos muestra un sacrificio humano repugnantemente realista, en el que el pecho de un anciano es abierto y un goteante corazón humano es arrancado de la incisión. 
 
La historia, contada en un estilo epistolar, continúa con una carta de John Kenton a su novia, RUTH TANAKA, quien está en California trabajando en su tesis.


30 de enero de 1981 
 
Querida Ruth, 
 
Sí, para mí también fue estupendo hablar contigo anoche. No sé lo que haría sin tí, aunque estés en la otra punta del país. Creo que éste ha sido el peor mes de mi vida, y sin tus palabras y tu cálido apoyo, no sé si lo podría haber superado. La revulsión y el terror iniciales que me produjeron esas fotos fueron bastante desagradable, pero he descubierto que puedo lidiar con el terror; y Roger puede encasillarse en su personificación de algún rudo editor salido de una historia de Damon Runyon (o quizá, ahora que lo pienso, esté actuando como ese Ben Hecht), pero lo realmente divertido es que tiene un corazón de oro. Cuando toda aquella mierda se nos cayó encima, él permaneció como una piedra; su fuerza nunca vaciló. 
El terror es malo, pero he descubierto que la sensación de que te comportaste como un pelotudo es mucho peor. Cuando estás asustado, puedes recurrir a tu valentía. Cuando estás humillado, supongo que lo único que puedes hacer es llamar a tu novia por larga distancia y berrear en su hombro. Todo lo que te estoy diciendo, creo, es gracias; gracias por estar allí y gracias por no reírte... o tomarme como si fuera una vieja histérica asustándose de las sombras. Anoche, luego de haber hablado contigo, tuve una última llamada telefónica, de Barton Iverson, Jefe del Departamento de Policía de Central Falls. Él también fue extraordinariamente compasivo, pero antes de que te cuente la esencia final del asunto, permíteme intentar aclararte toda la serie de acontecimientos que siguieron a mi recepción del manuscrito de Detweiller el miércoles pasado. Tu confusión estaba justificada; creo que puedo llegar a estar un poco más despejado ahora que he tenido una noche de sueño (¡y sin Mamá Bell* en mi oreja, descontando dólares de mi desnutrido sueldo!). 
Tal como creo que te conté, la reacción de Roger a las "Fotos del

*Nota del Traductor: Mamá Bell es el apodo con el que se conoce a la compañía Bell Telephone.
Sacrificio" fue todavía más fuerte y más inmediata que la mía. Se apareció en mi oficina como si tuviera cohetes en los talones, dejando a dos distribuidores esperando en su oficina exterior (y, como me parece que señaló Flannery O'Connor alguna vez, un buen distribuidor es algo difícil de encontrar), y cuando le mostré las fotos se puso pálido, se llevó una mano a la boca, y emitió unos sonidos amordazados, como de arcadas. Así que supongo que se podría decir que yo estaba más que en lo cierto acerca de la calidad de las fotos (considerando el tema, "calidad" es una palabra extraña para usar, pero es la única que parece encajar). 
Se tomó un minuto o dos para pensar; luego me dijo que haría mejor llamando a la policía de Central Falls, pero que no le dijera nada a nadie más. "Todavía podrían ser falsificaciones," dijo, "pero lo mejor es no arriesgarse. Ponlas en un sobre y ya no las toques más. Podrían tener huellas digitales." 
-No parecen falsificaciones -le dije-.¿A ti te lo parecen?
-No.                       
Él volvió  con los  distribuidores  y  yo  llamé  a  los polis  de Central Falls; fue mi primera conversación con Iverson. Él escuchó la historia entera y luego tomó nota de mi número telefónico. Dijo que me volvería a llamar en cinco minutos, pero no me dijo por qué. 
Me llamó en tres minutos, aproximadamente. Me dijo que llevara las fotografías a la Comisaría 31, en el 140 de Park Avenue South, y que la Policía de New York transmitiría las "Fotos del Sacrificio" a Central Falls. 
-Deberíamos tenerlas para esta tarde, a eso de las tres -dijo-. Puede que antes, incluso. 
Le pregunté qué se proponía hacer hasta entonces. 
-No mucho - respondió-. Voy a enviar a un agente de civil a rondar esta Casa de Flores y tratar de  determinar si Detweiller todavía está trabajando allí o no. Espero que lo haga sin despertar ninguna sospecha. Hasta que no vea las fotos, Sr. Kenton, eso es realmente todo lo que puedo hacer. 
Tuve que morderme la lengua para no decirle que yo pensaba que había mucho más que podía hacer. No quería que me desdeñara como un típico neoyorquino insistente, ni tampoco quería tener al compañero exasperado conmigo desde un comienzo. Y me recordé que Iverson no había visto las fotos. Supongo que dadas las circunstancias él iba tan rápido como podía en base a la llamada de un extraño; un extraño que podría estar chiflado. 
Conseguí que prometiera volver a llamarme en cuanto tuviera las fotografías, y luego yo mismo las acerqué a la Comisaría 31. Ellos estaban esperándome; un tal Sargento Tyndale me encontró en el área de recepción y tomó el sobre con las fotos. También me hizo prometer que me quedaría en mi oficina hasta tener noticias de ellos. 
-El Jefe de Policía de Central Falls...
-No el -dijo Tyndale, como si yo le estuviera hablando de un mono amaestrado-. Nosotros.
Todas las películas y novelas tienen razón, nena; no pasa mucho tiempo antes de que empieces a sentirte como un delincuente. Esperas que alguien gire una luz brillante en tu cara, ponga una pierna por encima de un viejo escritorio, se recline, te sople el humo del cigarro en tu cara, y diga "Bien, Carmody, ¿dónde escondiste los cadáveres?" Ahora puedo reírme de esto, pero te aseguro no estaba riéndome entonces.
Yo quería que Tyndale le echara un vistazo a las fotografías y que me dijera lo que pensaba de ellas –si eran o no auténticas– pero lo único que hizo antes de largarse fue recordarme que "permaneciera cerca". Había empezado a llover y no pude conseguir un taxi, y cuando ya había llegado a siete calles de Zenith House estaba empapado. También me había tragado medio rollo de Tums. 
Roger estaba en mi oficina. Le pregunté si los distribuidores se habían ido, y él agitó una mano en su dirección. -Mandé uno a Queens y al otro a Brooklyn -dijo-. Motivados. Van a vender otras cincuenta copias de Hormigas del Infierno entre los dos. Imbéciles -encendió un cigarro -. ¿Qué dijeron los polis? 
Le conté lo que Tyndale me había dicho. 
-Inquietante -dijo-. Jodidamente inquietante. 
-Te parecieron reales, ¿no es así?
Lo consideró, luego asintió. -Tan reales como la lluvia.
-Bien.
-¿Qué quieres decir con bien? No hay nada bueno en todo esto.
-Yo sólo quise decir...  
-Sí, ya sé lo que quisiste decir -se levantó, agitó las perneras de sus pantalones de esa manera en que siempre lo hace, y me dijo que le llamara si tuviera noticias de alguien-. Y no le digas nada a nadie más.
-Herb ha pasado por aquí un par de veces- le dije-. Creo que se piensa que vas a despedirme.
-La idea tiene algo de mérito. Si él pregunta...  
-Le miento. 
-Exacto.
-Siempre es un placer mentirle a Herb Porter.
Se detuvo de nuevo en la puerta, comenzó a decir algo, y entonces llegó Riddley, el chico del correo, empujando un cesto con manuscritos rechazados. 
-Se pasó aquí casi toda la ma'ana, Seor'Adler -dijo-. ¿ Va'eshpedir al Seor'Kenton? 
-Lárgate de aquí, Riddley -le dijo Roger -o te despediré a tí si no dejas de insultar a toda tu raza con ese repugnante acento Rasta.
-¡Siuro, Seor'Adler! -dijo Riddley, e hizo rodar de nuevo el carro del correo-. ¡M'voy! ¡M'voy!
Roger me miró y giró los ojos desesperadamente. -Tan pronto como tengas noticias- repitió, y salió.
En las primeras horas de la tarde tuve noticias del Jefe Iverson. Su hombre había comprobado que Detweiller estaba en la Casa de Flores, trabajando como de costumbre. Dijo que la Casa de Flores es una construcción muy elegante en una calle que se está "yendo pendiente abajo" (la frase es de Iverson). Su hombre entró, compró dos rosas rojas, y volvió a salir. Lo atendió la señora Tina Barfield, la propietaria del negocio según los papeles del archivo del Ayuntamiento. El tipo que realmente tomó las flores, las cortó, y las envolvió llevaba una etiqueta con la palabra CARLOS en ella. El hombre de Iverson lo describió como de unos 25 años, moreno, no mal parecido, pero corpulento. El hombre dijo que daba la impresión de tomárselo todo muy seriamente; apenas sonreía.
Hay un invernadero excepcionalmente grande detrás de la tienda. El hombre de Iverson hizo un comentario sobre él y la señora Barfield le dijo que era tan profundo como la manzana; ella dijo que lo llamaban "la pequeña selva." 
Le pregunté a Iverson si ya había recibido las telefotos. Dijo que no las tenía, pero  quería   confirmarme  que  Detweiller estaba allí. El solo hecho de saber que él estaba me produjo cierto alivio; no me molesta decirte eso, Ruth.
Así que aquí está el Acto Tercero, Escena Primera, y una trama nauseabunda, como nos gusta decir a nosotros, los tipos del negocio editorial. Recibí una llamada del Sargento Tyndale, de la Comisaría 31. Me dijo que Central Falls había recibido las fotos, que Iverson les había echado un vistazo, y que había ordenado que le trajeran a Carlos Detweiller para un interrogatorio. Tyndale me quería de inmediato en la 31 para tomarme declaración. Debía llevar conmigo el manuscrito de Plagas Demoníacas, y toda mi correspondencia con Detweiller. Le dije que estaría encantado de ir la 31 tan pronto como hablase de nuevo con Iverson; de hecho, estaba deseando tomar "El Peregrino" en la Estación Penn y de allí derecho en tren a... 
-Por favor no llame a nadie -dijo Tyndale-,y no vaya a ninguna parte –a ninguna parte, Sr. Kenton– hasta que ponga sus pies aquí y haga la declaración.
Me había pasado el día sintiéndome descompuesto e inquieto. Mi estado nervioso empeoraba en lugar de mejorar, y supongo que le hablé con cierta brusquedad al tipo.
-Pareciera como si yo fuera el sospechoso.
-No -dijo él-. No, Sr. Kenton -una pausa-. No por el momento -otra pausa-. ¿Pero él le envió las fotos, no es así? 
Por un momento quedé tan asombrado que sólo pude boquear como un pez. Luego le dije -Pero ya expliqué eso...
-Sí, lo hizo. Ahora venga aquí y explíquelo para el expediente, por favor-. Tyndale colgó, dejándome tanto enfadado como en una especie de existencialismo –pero te mentiría, Ruth, si no te dijera que lo que principalmente me sentía era asustado–.  Me había metido hasta el fondo y en muy poco tiempo.
Irrumpí en la oficina de Roger, le conté  lo que  estaba  pasando           tan rápida y cuerdamente como pude, y luego me dirigí hacia el ascensor. Riddley salió de la habitación del correo haciendo rodar su carrito Dandux; vacío,esta vez.
-¿Está usted en p'oblema con l'ley, Seor'Kenton? -me susurró roncamente mientras lo dejaba atrás; te aseguro, Ruth, que ésto no logró en lo absoluto mejorar mi paz mental. 
-¡No! -le respondí, tan fuerte que dos personas que venían por el pasillo echaron una mirada en mi dirección.
-Porque si lo está, mi primo Eddie es un shtupendo abogado. ¡Siuro! 
-Riddley -le dije- ¿a qué universidad fuiste?
-¡Co'nell, Seor'Kenton, y era shtupenda! -Riddley sonrió abiertamente, mostrando unos dientes tan blancos como teclas de piano (y estoy tentado a pensar que casi tan numerosos).  
-Si fuiste a Cornell -le pregunté- ¿por qué, en el nombre de Dios, hablas de esta forma?
-¿Qué forma es'sa, Seor'Kenton?
-Olvídalo -le dije, ojeando el reloj-. Siempre está bien tener una de estas discusiones filosóficas contigo, Riddley, pero tengo una cita y debo apurarme. 
-¡Siuro! -me dijo, lanzando esa mueca obscena de nuevo-. Y si usted quiere el nume'o telefónico de mi primo Eddie...  
Pero por entonces ya me había perdido en el vestíbulo. Siempre es un alivio poder librarse de Riddley. Supongo que es horrible decirlo, pero desearía que Roger lo despidiera; miro esa gran sonrisa de teclas de piano y, Dios me asista, me pregunto si Riddley no habrá hecho un pacto para beberse la sangre del hombre blanco cuando llegue el fuego la próxima vez. Junto con su primo Eddie, por supuesto. 
Bien, olvídate de todo esto; he estado más de una hora y media pegándole a las teclas de la máquina de escribir, y ésto está empezando a parecerse a una novela corta. Mejor me doy prisa con el resto. De  manera que... Acto Tercero, Escena Segunda. 
Llegué tarde y empapado de nuevo a la estación de policía; no había taxis y la lluvia se había convertido en un fuerte aguacero. Sólo una lluvia de enero en la ciudad de Nueva York puede ser así de fría (¡California me parece cada día mejor, Ruth!). 
Tyndale me echó una mirada, me dedicó una fina sonrisa sin humor visible en ella, y dijo: -En Central Falls acaban de soltar a su autor. ¿Ningún taxi allí afuera, eh? Nunca están cuando llueve. 
-¿Dejaron ir a Detweiller? -pregunté sin poder creerlo-. Y él no es nuestro autor. No lo tocaría ni con un palo para plagas de tres metros de largo.
-Bien, sea él lo que sea, la cosa es que no es nada más que una tempestad en un vaso de agua -me dijo, y me ofreció la que puede haber sido la taza de café mas repugnante que alguna vez haya tomado en mi vida. 
Me condujo hasta una oficina libre, lo cual fue una especie de favor; esa sensación de que todos los demás en la comisaría estaban mirando de reojo al editor prematuramente calvo, vestido con un empapado saco de lana, probablemente fuera paranoia, pero de todas formas era poderosa. 
Para no hacer que una historia larga lo sea aun más, aproximadamente cuarenta y cinco minutos después que llegaron las telefotos, y alrededor de quince minutos después de la llegada de Detweiller (no esposado, pero flanqueado por dos corpulentos hombres con traje azul), volvieron los hombres de civil que habían sido despachados a la Casa de Flores después de mi primera llamada. Él había estado en otra parte de la ciudad durante toda la tarde.
Tyndale me dijo que habían dejado a Detweiller solo en una pequeña sala de interrogatorios para que se ablandara; para que tuviera todo tipo de pensamientos sucios. El policía de civil que había verificado el hecho de que Detweiller todavía trabajaba en la Casa de Flores estaba mirando las "Fotos del Sacrificio" cuando el Jefe Iverson  salió de su  oficina y se encaminó a la sala de interrogatorios donde tenían a Detweiller. 
-Jesús -le dijo el de civil a Iverson-, éstas se ven casi reales, ¿no le parece? 
Iverson se detuvo. -¿Tiene usted alguna razón para creer que no lo son? - le preguntó. 
-Bueno, esta mañana, cuando entré en esa tienda para inspeccionar a ese tipo Detweiller, este fulano al que le hicieron la cirugía de corazón informal estaba sentado a un lado, detrás del mostrador, jugando un solitario y mirando La Esperanza de Ryan en la tele. 
-¿Está usted seguro de eso? -le preguntó Iverson. 
El de civil dió uno golpecitos sobre la primera de las "Fotos del Sacrificio," donde se mostraba claramente la cara de la "víctima". -Ningún error -dijo-. Este era el tipo. 
-Pero, ¿por qué en el nombre de Dios no me dijo usted que él se encontraba allí? -le reclamó Iverson, sin ninguna duda con visiones de Detweiller presentando cargos por detención falsa y maliciosa comenzando a bailar lúgubremente en su cabeza. 
-Porque nadie me preguntó por este tipo -dijo el detective, de manera bastante razonable-. Se suponía que yo debía reconocer a Detweiller, y lo hice. Si alguien me hubiera pedido que reconociera a este tipo, lo habría hecho. Nadie lo hizo. Hasta luego-. Y se alejó, dejando a Iverson sosteniendo las fotos. De manera que así fue. 
Yo miré a Tyndale. 
Tyndale me devolvió la mirada. 
Tras unos instantes, la desvió. -De todas formas, señor Kenton, esa foto en particular se veía real... tan real como el infierno. Pero así hacen los efectos en algunas de esas películas de horror. Hay un tipo –se llama Tom Savini– que hace unos efectos...
-De modo que lo dejaron marchar-. Cierto temor estaba emergiendo  dentro  de  mi  cabeza, como  uno  de  esos  pequeños submarinos rusos que los suecos nunca consiguen atrapar. 
-Por si le sirve de algo, su culo está cubierto con tres pares de calzoncillos y cuatro de pantalones, con los dos del medio acorazados -dijo Tyndale, y luego agregó, con una seriedad que sin dudas era Alexander Haigiana-: le estoy hablando desde el punto de vista legal, usted me entiende. Actuó de buena fe, como un ciudadano. Si el tipo pudiera demostrar que hubo malicia, eso sería otra cosa... pero, rayos, usted ni siquiera lo conocía.
El submarino ascendió un poco más. Porque sentí como si justo desde entonces estuviera empezando a conocerlo, Ruth, y mis sentimientos sobre Carlos Detweiller ni fueron entonces ni lo son ahora algo que pudiera describir como joviales o benignos. 
-Además, nunca es al informante al que ellos quieren demandar por un falso arresto, sino al poli que vino y les leyó sus derechos y luego lo llevó al centro de la ciudad en un automóvil sin manijas en las puertas traseras.
Informante. Ésa era la fuente del temor. El submarino estaba bien arriba y flotando en la superficie como un pez muerto a la luz de la luna.
Informante. No conocí a Carlos Detweiller gracias a una begonia
psíquica... aunque él sí sabe algo sobre mí. No que fuí la cabeza de la sociedad literaria de la Universidad Brown, ni que estoy prematuramente calvo, ni que estoy comprometido con una bonita señorita de Pasadena llamada Ruth Tanaka... ninguna de estas cosas (y, gracias a Dios, tampoco la dirección de mi casa,que nunca conozca la dirección de mi casa), pero él sabe que yo soy el editor que hizo que lo detengan por un asesinato que no cometió. 
-Sabe usted -le pregunté- si Iverson o algún otro del Departamento de Policía de Central Falls le mencionó a él mi nombre? -Tyndale encendió un cigarrillo-. No lo sé-respondió-, aunque estoy bastante seguro de que nadie lo hizo.
-¿Por qué no?
-Habría sido poco profesional. Cuando usted está trabajando en un caso –incluso uno que se muere tan rápido como éste– cada nombre que el sospechoso no conoce o que incluso no llega a conocer se convierte en una carta de póker. 
Cualquier alivio que pude haber sentido me duró poco. 
-Pero el tipo tendría que ser un perfecto idiota para no saberlo. A menos que, eso es, le enviara las fotografías por correo a cada editorial de Nueva York. ¿Piensa que pudo haber hecho eso?
-No -dije desconsoladamente-. En primer lugar, ningún otro editor en Nueva York habría respondido a su carta de presentación. 
-Ya veo.
Tyndale se levantó, arrugando los vasitos plásticos de café, haciendo esos gestos de se-acabó-la-fiesta que significaban que esperaba que yo pusiera un huevo en mi zapato y lo pisara. 
-Una pregunta más y lo dejaré en paz -dije-. Las otras fotografías eran obvias falsificaciones. Penosas. ¿Cómo esas parecen tan malas y las falsificadas parecen tan malditamente buenas?
-Quizá el propio Detweiller preparó las fotos de la 'Sagrada Reunión' y algún otro –el equivalente a Tom Savini en Central Falls, por ejemplo– preparó la 'víctima del sacrificio'. O quizá Detweiller las preparó todas e intencionalmente hizo que las otras se vieran mal para que usted tomara éstas más en serio.
-¿Por qué haría eso?
-Para que usted metiera la pata, tal y como ha hecho. Tal vez es así cómo él se coloca.
-¡Pero le arrestaron en el proceso! 
Él me miró, casi compadeciéndome. -Suponga que hay un tipo en un bar, Sr. Kenton, y que tiene esos petardos de broma que se meten en los cigarrillos. Así que, sólo para divertirse, mete uno de ellos en el cigarrillo de su colega mientras éste se encuentra en el servicio o escogiendo algunas canciones en la gramola. Le parece la idea más divertida del mundo en ese momento, aunque el sentido del humor de su colega sólo se manifiesta cuando un petardo explota en el cigarrillo de algún otro, y el tipo que mete el petardo debería saberlo. Así que el colega regresa, y enseguida toma el cigarrillo trucado. Da dos caladas y...  ¡ka-bang! Toda la cara llena de tabaco, quemaduras de pólvora en sus dedos, y se tira la cerveza encima. Y su colega –su ex-colega– está sentado en el taburete de al lado, partiéndose de risa. ¿Entiende la situación?
-Sí -dije de mala gana, porque la entendí. 
-Ahora bien, el tipo que metió el petardo en el cigarrillo no era un imbécil, aunque tengo que decir que, según mi criterio, un tipo que cree que es divertido meter un petardo en el cigarrillo de otro, es un un poco deficiente en la sección del sentido del humor. Pero incluso si su sentido del humor se activase con algún tipo llevándose un susto de muerte y derramando su cerveza encima de sus pelotas, pensarías que un tipo que no fuese un imbécil al menos tendría interés en conservar todos los dientes y no lo haría. Y sin embargo, lo hacen. Lo hacen todo el puto tiempo. Así que, siendo usted un hombre literario... –(Ruth, él, obviamente, no sabía nada acerca de Acuchíllame, Hormigas del Infierno, ni del próximo a salir, Moscas del infierno)– ¿puede decirme por qué él sigue adelante, y acaba recogiendo sus dientes por todo el bar y pidiendo un crédito con el que poder pagarse los empastes?
-Porque no tiene ningún sentido de lo futurible -dije desconsoladamente, y, por primera vez, Ruth, sentí como si realmente pudiera ver a Carlos Detweiller. 
-¿Eh? No conozco esa palabra. 
-Él no lo sabe... es incapaz de anticipar las consecuencias. 
-Sí... usted  es  un  hombre  literario,  de acuerdo.  Yo  no  hubiera  podido decirlo tan bien ni en mil años. 

-¿Y esa es mi respuesta? 
-Ésa es su respuesta -. Me palmeó el hombro y me acompañó hasta la puerta-. Váyase a casa, Sr. Kenton. Tómese un trago, una ducha, y después otro trago. Mire algo en la tele. Duerma toda la noche. Cumplió su deber como ciudadano. La mayoría de la gente simplemente habría  tirado esas fotos... o las habría guardado para sus álbumes de recortes. Suena raro, pero yo soy del tipo policial, no del tipo literario, y sé que algunas personas lo hacen. Váyase a casa. Olvídelo. Y conténtese con esto: si el libro del tipo es tan malo como usted dijo, entonces le envió una carta de rechazo de la puta madre.
De manera que hice lo que él me dijo, querida; vine a casa, tomé un trago, me duché, comí algo, tomé otro trago, miré un poco de tele, y me fuí a la cama. Entonces, después de alrededor de tres horas de tortura de no poder dormir –seguía viendo esa foto, la de la abertura en el pecho y el corazón chorreante– me levanté, tome como tres copas más, miré en la tele una película de John Wayne llamada La Estela de la Bruja Roja (te diría que John Wayne se ve mucho mejor con un casco de soldado que con un casco de buzo), me acosté de nuevo, y me desperté con resaca. 
Todo estará mejor en un par de dias, y creo –creo– que las cosas están comenzando a volver a la normalidad, tanto en Zenith House como dentro de mi cabeza. Pienso (pienso) que todo terminó; pero que va a ser uno de esos Incidentes que me perseguirán durante toda la vida, supongo, como los sueños que tenía de chico en el que me ponía de pie para saludar la bandera y se me caían los pantalones. O, aún mejor, algo que una vez me contó Bill Gelb, mi ilustre co-editor en Zenith. Dijo que le contó este chiste a un tipo en una fiesta: ¿Cómo haces para impedir que cinco negros violen a una chica blanca? Respuesta: les das una pelota de básquet. "Yo pensé que el  tipo al que se lo conté sólo tenía un buen bronceado hasta que me arrrjó la bebida en la cara y se marchó," dijo Bill. Ésa es la clase de historia que yo nunca podría contar de mí mismo, lo cual pienso que puede ser una de las razones por las que no haya perdido todo mi respeto por Bill, aunque es un intolerante y fanático pelotudo. Con esto quiero decir que me siento un poco como un pelotudo... pero por lo menos se ha terminado. Si todo esto me hace parecer un histérico –alguien que testificaría entusiasmado en los juicios  contra las brujas de Salem– por favor escribe y rompe nuestro compromiso cuanto antes... porque si ése fuera el caso, yo tampoco me casaría conmigo. 
En cuanto a mí, estoy aferrado a lo que me dijo Tyndale; eso de que actué de buena fe, como un ciudadano. La único que no haré es enviarte las fotografías, que hoy me fueron devueltas. Podrían ocasionarte la clase de sueños que he estado teniendo; y esos sueños son, sin ninguna duda, malévolos. He llegado a la conclusión de que todos esos magos de los efectos especiales deben ser cirujanos frustrados. De hecho, si Roger me da el visto bueno, voy a quemarlas. 
Te amo, Ruth. 
 
Tu adorado pelotudo,
John






de la oficina del editor en jefe
 
A: John Kenton 
FECHA: 2/2/81 
 
MENSAJE: Prosigue y quémalas. No quiero volver a oír hablar de Carlos Detweiller nunca más. 
Escúchame, John; un poco de excitación está bien, pero si no comenzamos a hacer algo aquí en Zenith, estaremos todos saliendo a buscar trabajo. He oído que Apex puede estar buscando  compradores. Que es como buscar pájaros dodo o pterodáctilos.
Tenemos que conseguir el libro o libros que hagan algo de ruido en este verano, y eso significa que sería mejor empezar buscando desde ayer. Comienza a sacudir los árboles, ¿de acuerdo? 
                                                                                                                 Roger           


memorándum de oficina
 
DE: John 
A: Roger 
REF: Sacudida de árbol 
 
¿Qué árboles? Zenith House está ubicado en las Grandes Planicies de la publicación Americana, y tú lo sabes condenadamente bien. 
                                                                                                                                        John           






de la oficina del editor en jefe
 
A: John Kenton 
FECHA: 3/2/81 
 
MENSAJE: Encuentra un árbol o encuentra un trabajo. Así están las cosas, encanto. 
                                                                                                                           Roger          











4 de febrero de 1981 
 
Sr. John "Judas Iscariote" Kenton 
Zenith Agujerodelculo-House, Editores de Kaka, 
490 Avenida de la Mierda-de-Perro 
New York, New York 10017, 
 
Estimado Judas, 
Éste es el agradecimiento que recibo por ofrecerle mi libro. De acuerdo, lo entiendo. Debería haber sabido qué esperar. Usted piensa que es TAN LISTO. De acuerdo, lo entiendo. Usted no es más que un sucio y traicionero bastardo. Cuánto habrá robado. Un montón, supongo. Usted piensa que es TAN LISTO pero no es nada más que un "Tablón Torcido" en "EL GRAN SUELO DEL UNIVERSO". Hay formas de tratar con los TIPOS COMO USTED. Probablemente piense que voy   a ir y buscarlo. Pero no lo haré. Yo "no mancharía las manos con su suciedad," como decía el Sr. Keen. Pero puedo ajustarle las cuentas si quiero. ¡Y quiero! ¡¡¡Lo QUIERO!!!! 
Mientras tanto, usted lo ha estropeado todo, así que supongo que estará satisfecho. Eso no me importa. Me he ido al Oeste. Le diría "ojalá se lo jodan" pero quién sería capaz de hacerle eso. Yo no. No lo haría  ni siquiera si yo fuera una niña y usted Richard Gear. No lo haría ni aunque usted fuese una de esas lindas chicas de buena figura. 
Bueno, me marcho, pero mi material es copywright y solo espero que usted sepa qué significa copywright, aun cuando no sepa distinguir la "mierda" del "betún de zapatos". Así que nada más métase eso en su pipa y fúmeselo todo el puto día, Sr. Judas Kenton. Adiós. 
 
Lo odia, 
 
Carlos Detweiller 
 
De Viaje 
 
E.U. de A. 
 









7 de febrero de 1981      
 
Querida Ruth, 
 
Me esperaba  una  carta  del  estilo  "váyase-a-la-mierda" de Carlos Detweiller –la esperaba inconscientemente, en cualquier caso– y la recibí el otro día. Utilicé la crujiente máquina Xerox pre-Guerra Mundial que tenemos en Zenith House para hacerte una fotocopia, y la he adjuntado con esta carta. En su cólera, él es casi lírico, sobre todo en la parte en que dice que soy un tablón torcido en el suelo del universo... una frase que hasta Carlyle admiraría.  Deletreó  mal  el  nombre  de  Richard  Gere, pero quizá fuera una licencia artística*. En general, diría que me siento aliviado; al menos, esto ya se terminó. El tipo se ha largado al Gran Oeste Americano, sin duda con sus tijeras de podar rosas colgándole de la cadera (¿de una cadera rosa? oh, olvídalo). 
"Sí, pero ¿se ha ido realmente?" te preguntarás. La respuesta es: sí, lo hizo. 
Recibí la carta ayer y casi en seguida puse al corriente a Barton Iverson de la Policía de Central Falls (luego de conseguir que Roger autorizara de mala gana la llamada de larga distancia, he de añadir). Pensé que a Iverson le interesaría mi requerimiento de salir a comprobar el asunto, y lo hizo. Parece que también él pensaba que las "fotos del sacrificio" eran demasiado reales como para quedarse tranquilo, y la última comunicación de Detweiller tenía más bien un tono amenazante.  
Envió a un hombre llamado Riley –creo que el mismo hombre que fue antes– a comprobar la salida de Carlos, y él (Iverson, no Riley) me volvió a llamar en noventa minutos. Al parecer, Detweiller renunció casi enseguida de ser puesto en libertad, y Barfield incluso ha puesto un anuncio en los periódicos locales pidiendo un nuevo ayudante de floristería. Algo ligeramente interesante: Riley reconoció al tipo de las "fotos del sacrificio," y mencionó un nombre que yo ya conocía: era el Sr. Norville Keen, el mismo tipo, estoy bastante seguro, que Detweiller   mencionó   en   sus   primeras   dos   cartas   ("Por   qué

*Nota del Traductor: Gear: voz del argot del Village cuya traducción es "maravilloso": Richard Maravilloso sería el nombre del actor Richard Gere.

describir a un invitado cuando usted puede ver a ese invitado," y otras perlas de sabiduría). El poli le hizo algunas preguntas sobre la puesta en escena de esas fotografías, y la Barfield se entrometió, ka-bang, inmediatamente. Le preguntó si era una investigación oficial, o qué. No lo era, por supuesto, así que eso fue todo... y en mi mente, el todo el asunto está cerrado. Iverson me dijo que Riley no pudo identificar a la Barfield en ninguna de las fotografías, de modo que no hubo ninguna base como para interrogarla más adelante... ni tampoco nadie allí en Central Falls quiere realmente hacerlo, me parece. Iverson fue muy franco conmigo. "Deje descansar lo sobrenatural," fue lo que realmente me dijo, y yo estoy de acuerdo en un doscientos por ciento. 
Si la nueva novela de Anthony LaScorbia terminara llamándose Plantas del Infierno, renuncio. 
Te escribiré una carta más normal durante la semana, espero, pero pensé que querrías saber cómo terminó todo. Mientras, vuelvo a pasarme las noches en mi novela y los días buscando un bestseller que podamos comprar por $2500. Como creo que dijo el Presidente Lincoln alguna vez, "Jodida buena suerte, pavo." 
     A todo esto, gracias por tu llamada telefónica, y tu última carta. Y en respuesta a tu pregunta, sí, yo también estoy E*X*C*I*T*A*D*O. 
 
Te ama,
                                                                                                                                        John      





 
  





  19 de febrero de 1981      
 
Estimado Sr. Kenton, 
 
Usted no me conoce, pero yo sí a usted. Mi nombre es Roberta Solrac, y soy una ávida lectora de la serie de novelas de Anthony LaScorbia. ¡¡¡Al igual que el Sr. LaScorbia, siento que la ecología está a punto de sublevarse!!! De cualquier modo,el mes pasado le escribí una "carta de admiración" al Sr. LaScorbia ¡y él me contestó! Como estaba muy entusiasmada y honrada, le envié una docena de rosas. Él dijo que estaba entusiasmado y honrado (por las rosas) ya que nadie le había enviado flores antes. 

Sin embargo, en nuestra correspondencia, él mencionó su nombre y dijo que usted era el responsable de sus éxitos literarios. No puedo enviarle rosas ya que estoy "en quiebra," pero le mendo una pequeña plantita para su oficina, vía UPS. Se supone que trae buena suerte. ¡¡¡Espero que se encuentre bien, y prosiga con su estupendo trabajo!!! 
 
Suya atentamente, 
 
Roberta Solrac 













memorándum de oficina
 
A: Roger 
DE: John 
REF: La locura continúa  
 
     Echa una mirada a la carta adjunta, Roger. Luego deletrea "Solrac" al revés. Creo que realmente me estoy volviendo loco. ¿Qué he hecho para merecerme a este tipo? 






de la oficina del editor en jefe
 
A: John Kenton 
FECHA: 23/2/81  
 
MENSAJE: Puede que te estés internando en las sombras. Si no es así, ¿qué pretendes hacer? ¿Reabrir las cosas con el D. de P. de Central Falls? Asumiendo que sea Detweiller –y admito que el último nombre sobrevuela los límites de la coincidencia y que el estilo tiene una cierta similitud, aunque obviamente sea una tipografía diferente– es, si me permites la aliteración, una inofensiva muestra de una pataleta infantil. Mi consejo es que te olvides de él. Si "Roberta Solrac" te envía una planta por correo, tírala por el tubo del incinerador. Probablemente sea hiedra venenosa. Estás dejando que esto te ataque los nervios, John. Y te lo digo en serio: Olvídate de él.   
                                                                                                                                           Roger      
 
  


memorándum de oficina
 
A: Roger 
DE: John 
REF: "Roberta Solrac"  
 
     Hiedra envenenada, las pelotas. El tipo trabajaba en un invernadero. Probablemente sea belladona, o hierba mora mortal, o algo parecido. 
                                                                                                                                      John      






de la oficina del editor en jefe
 
A: John Kenton 
FECHA: 23/2/81  
 
MENSAJE: Pensé en mover el culo por el pasillo para hablar contigo, pero estoy esperando una llamada de Harlow "Hombre del Hacha Cometh" Enders en unos minutos, y no quiero salir de mi oficina. Pero quizá sea mejor que te lo diga por escrito, porque da la impresión de que no crees realmente en algo hasta que esté impreso. 
John, déjalo pasar. El asunto Detweiller está acabado. Entiendo que todo el asunto te haya afectado –rayos, también a mí– pero tienes que dejarlo pasar. Tenemos algunos serios problemas aquí en casa, en el caso de que no te hayas enterado. En junio va a llevarse a cabo una re-evaluación de nuestra situación, y lo que tenemos no es demasiado. Esto significa que en septiembre podemos tener el culo en la calle. Nuestro "año de gracia" ha empezado a acortarse. Deja de preocuparte por Detweiller y, por el amor de Cristo, encuentra algo que se pueda publicar y que haga dinero. 

No puedo decírtelo más claro. Te aprecio, John, pero abandona esto y vuelve al trabajo, o me veré obligado a tomar medidas drásticas. 
 
Roger      





memorándum de oficina
 
A: Riddley 
DE: John Kenton 
REF: Posible paquete entrante  
 
Es muy probable que reciba un paquete de la UPS desde alguna parte del medio oeste durante la próxima semana o en unos diez días. El nombre del remitente es Roberta Solrac. Si ves tal paquete, asegúrate de que yo no lo vea. En otras palabras, tíralo inmediatamente por el tubo del incinerador más cercano. Sospecho que ya sabes la mayoría de lo que hay que saber sobre el asunto de Detweiller. Esto puede estar asociado con eso, y el contenido del paquete puede ser peligroso. Es improbable, pero existe una posibilidad. 
 
Gracias, 
John Kenton 










memorándum de oficina
 
A: John Kenton 
DE: Riddley 
REF: Posible paquete entrante 
 
¡Siuro, Seor'Kenton!
 
Riddley/Sección Correo 






de EL LIBRO SAGRADO DE CARLOS
 
SAGRADO MES DE FEBRE (Entrada #64)
 

Sé cómo atraparlo. He puesto las cosas en movimiento, alabado sea Abbalah. Alabada sea la Demeter Verde*. Los atraparé a todos. ¡Verde Verde "debe verse"! ¡Ja! ¡So Judas! ¡Qué poco que sabes! ¡Pero yo sí lo sé! ¡También sé todo sobre tu novia; solo que tu novia, es ahora la niña DEMONIO**, ¡Qué poco sabes de lo que ella es capaz! ¡Hay otro mulo coceando en tu establo, Sr. Editor Pez-Gordo Judas! ¡La OUIJA dice que el nombre de este mulo es GARY !  


* Nota del Traductor: Demeter: diosa griega de las cosechas, hija de Rhea y Cronos, madre de Perséfone.
** Juego de palabras intraducible: girlfriend significa "novia" y girlFIEND puede traducirse como "niña DEMONIO"
¡En mis sueños los he visto y GARY es PELUDO! ¡No como tú, pequeño y enclenque JUDAS! ¡Muy pronto te estaré enviando un presente! ¡Todo el mundo medra! ¡Cada Judas a salvo en los brazos de Abbalah! ¡Ven Abbalah!

¡VEN  GRAN  DEMETER!
 
¡VEN  VERDE!






















 












FIN  DE  LA  PLANTA,  PARTE  DOS
 















STEPHEN KING - LA PLANTA I


STEPHEN KING  
LA PLANTA I  





4 de enero de 1981 

Zenith House, Editores, 
490 Park Avenue South 
New York, New York 10017, 
  
Señores: 

        He escrito un libro que quizás acepten publicar. Es muy bueno, todo es terrorífico y real. Se llama Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas; conozco todas las cosas de primera mano. El volumen incluye historias tales como "El Mundo de la Brujería," "El Mundo del Éter," y "El Mundo de los Muertos Vivientes." También incluyo algunas recetas para pociones, pero éstas podrían ser "censuradas" si les llegara a parecer que son demasiado peligrosas, a pesar de que a la mayoría de las personas no le funcionarían en absoluto, y en un capítulo llamado "El Mundo de los Hechizos" explico las razones. 
Ahora les estoy ofreciendo este libro para su publicación. Estoy ansioso por vender todos los derechos (salvo los de la película; yo mismo haré el film. Si lo desean también hay fotografías. Si están interesados en este libro (ningún otro editor lo ha visto, estoy enviándoselos porque ustedes son los editores de Casas Sangrientas, que fue bastante bueno), por favor contesten con el franqueo postal pago que he adjuntado. Enviaré el manuscrito con estampillas de retorno por las dudas de que el libro no les guste (o no lo entiendan). Por favor respondan lo más pronto posible. Opino que es inmoral enviar un manuscrito a varias editoriales, pero quiero vender Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas cuanto antes. ¡En este libro hay algo "jodidame**e asustadizo!" ¡Si entienden lo que quiero decir! 
  
Sin otro particular,
Carlos Detweiller 
147 E. Calle 14, Depto. E 
Central Falls, R.I. 40222 

memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Presentaciones/11-15 Enero, 1981, 
  
Un nuevo año, y la nieve fangosa en el montón de lodo sigue creciendo ininterrumpidamente. No sé cómo le estará yendo al resto de tus esforzados favoritos de la editorial, pero yo continúo empujando la piedra existencial de los ambiciosos inéditos de América, o al menos la parte de ellos que me toca. Lo cual sólo es para decir que ya leí mi porción de basura de esta semana (y no, no he estado fumando lo que W. C. Fields llamaba "la sustancia ilícita", es simplemente que estoy teniendo un día pesado). 
Con tu aprobación, estoy devolviendo 15 largos manuscritos que llegaron sin ser solicitados (ver Devoluciones, en la próxima página), 7 "borradores y capítulos de muestra" y 4 inclasificables que se parecen un poco a textos mecanografiados. Uno de ellos es un libro de algo llamado "poesía de sucesos gay" titulado Succiona Mi Gran Pija Negra, y otro titulado La Pequeña Lolita, que trata de un hombre enamorado de su alumna de primer grado. Al menos eso creo. Está escrito con lápiz y es difícil decirlo con seguridad. 
      También con tu aprobación, te estoy pidiendo que veas borradores y capítulos de muestra de 5 libros, incluyendo al nuevo destripador-de-corpiños de ese bibliotecario de mal genio de Minnesota (los autores nunca curiosean en tus archivos, ¿no, jefe?). Podría considerarse como una sumisión llana, pero el pobre desempeño de Sus Besos Ardientes no lo justifica  ni siquiera  nuestro desastroso sistema de distribución: a propósito, ¿ni una palabra de qué está pasando con los Distribuidores Unidos de Novedades?). Sinopsis para tus archivos (más abajo). 
      Por último, y probablemente no tenga importancia, estoy añadiendo una curiosa carta de un tal Carlos Detweiller de Central Falls, Rhode Island. Si yo regresara a la Universidad Brown, especializándome alegremente en Lengua Inglesa, planeando escribir grandes novelas, y trabajando bajo la premisa errónea de que todos quienes  publicamos debemos ser brillantes o por lo menos "realmente inteligentes," tiraría la carta del Sr. Detweiller en seguida. (¿Carlos Detweiller, –me pregunto ahora a mi mismo, mientras sacudo las teclas de esta vieja Royal– puede que sea un nombre real? ¡Ciertamente no!) Probablemente utilizaría unas tenazas para manipular esta carta, por las dudas de que la obvia dislexia del hombre fuese contagiosa. 
      Pero dos años en Zenith House me han cambiado, Roger. Las vendas se han caído de mis ojos. No podrás tener realmente a los pesos pesados como Milton, Shakespeare, Lawrence, y Faulkner en potencia hasta que hayas almorzado en Hamburguesas Cielo con el autor de Ratas del Infierno o hayas ayudado al creador de Acuchíllame, Querido a superar su actual bloqueo de escritor. Llegas a comprender que el gran edificio de la literatura tiene un jodido montón más de subsótanos del que te imaginabas cuando te escondiste tu primer libro bajo la remera para toquetearte (¡no, no he estado fumando hierba!). 
      Está bien. Este tipo escribe como un alumno de tercero ligeramente brillante (todas las frases lo confirman; su carta tiene el encanto de un  tipo pesado bajando las escaleras con botas de la construcción), pero también lo hace Olive Barker, y considerando nuestro endeble sistema de distribución, a su serie de Viento Flotante le fue bastante bien. La frase en el primer párrafo, donde dice que él conoce todas estas cosas "de primera mano" sugiere que está algo ding-dong. Ya sabes lo que quiero decir. Su afirmación de que piensa dirigir la película sugiere que es un ding-dong con delirios de grandeza. Creo que ambos sabemos eso. Además, apostaría mi último par de calzoncillos (¡estoy usándolos, y eso que están más que gastados!) que, a pesar de su negativa, cada editor de New York ha visto Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. La lealtad a una compañía sólo puede llegar hasta cierto punto, colega; ni un alumno de tercero ligeramente brillante empezaría en Zenith House. Supongo que esta carta ha sido vuelta a escribir pacientemente y vuelta a enviar por el infatigable (y probablemente obsesionado) Sr. Detweiller por lo menos cuarenta veces, empezando con Farrar, Straus & Giroux, o quizá incluso con Alfred A. Knopf. 
      Pero creo que hay una posibilidad –aunque extremadamente remota– de que este Sr. Detweiller pueda haber investigado el suficiente material como para crear realmente un libro. Tendría que ser reescrito, por supuesto –su carta de preentación lo deja perfectamente claro– y el título apesta, pero tenemos varios escritores en nuestro staff que estarían más que contentos de hacerse un poco el escritor-fantasma y llevarse unos fáciles $600. (Te ví hacer una mueca de dolor; digamos $400. Probablemente la infatigable Olive Barker sea la mejor de ellos. También creo que Olive se da con Valium. Los toxicómanos trabajan más duro que las personas normales, jefe, como creo que ya sabes. Al menos hasta que se mueren, y la pendenciera de Olive es fuerte. Ella no luce demasiado bien desde su ataque de apoplejía –odio la forma en que el lado izquierdo de su cara simplemente cuelga allí– pero ella es fuerte.) 
      Como decía, las oportunidades escasean, y siempre es un poco arriesgado alentar a un loco evidente, ya que luego resulta muy difícil librarse de ellos (¿recuerdas al General Hecksler y su libro Veinte Flores Psíquicas de Jardín? Durante algún tiempo pensé que el hombre podría llegar a ser genuinamente peligroso, y, desde ya, él fue la razón principal de que el pobre viejo Bill Hammer renunciara). Pero en realidad, Casas Sangrientas anduvo bastante bien, y la cosa completa –fotografías borrosas y todo– nos llegó desde la Biblioteca Pública de New York. Así que dime: ¿agregamos a Carlos a Devoluciones, o lo invitamos a que envíe un borrador y capítulos de muestra? Decida rápido, o gran líder, para poder mantener en equilibrio el destino del universo. 
  
 John 






de la oficina del editor en jefe
  
A:  John Kenton 
FECHA:  15/1/81 
  
MENSAJE: ¡Por Cristo, Johnny! ¿Alguna vez te callaste en tu vida? ¡Ese memorándum tenía más de tres páginas de largo! Si no estabas drogado, no tienes ninguna excusa. Rechaza la maldita carta de presentación, dile a este Carlos Como-Se-Llame que envíe su manuscrito, o cómprale un pony, haz lo que quieras. Pero ahórrame la puta tesis. No las recibo ni de Herb, ni de Sandra, ni de  Bill,  y  tampoco las quiero de tí. "Empala la  mierda  y  cállate,"

¿Por qué no haces de esta frase un lema? 
  
 Roger 
  
P.D.  Harlow  Enders  llamó  de  nuevo  hoy;  parece  que  vamos a seguir recibiendo los cheques del sueldo por lo menos durante otro año. Después de ese tiempo, ¿quién lo sabe? Dice que en junio va a haber una "valoración de posición", y en enero próximo una "revisión total de la posición global de Zenith en el mercado"; traduzco estas dos frases empalagosas diciendo que podríamos estar en venta en el próximo enero a menos que mejore nuestra posición en el mercado, y, dado nuestro actual sistema de distribución, no veo cómo ésto pueda llegar a suceder. Mi cabeza va a explotar. Tal vez tenga un tumor cerebral. Por favor, no me envíes más memorándums largos. 
  
P.P.D. ¿No te parece que La Pequeña Lolita es de verdad un título bastante bueno? Nosotros podríamos comisionarlo. Quizá esté pensando en Mort Yeager, él tiene cierto toque para esa clase de cosas. ¿Recuerdas La Muestra de Lencería Adolescente? La muchacha de La Pequeña Lolita podría tener once años, pienso, ¿no tenía doce la Lolita original? 






memorándum de oficina

A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Posible tumor cerebral 
  
      Me suena más como un dolor de cabeza por ansiedad. Toma cuatro Quaaludes y llámame por la mañana. A propósito, Mort Yeager está en la cárcel. Por encubrimiento de propiedad robada, creo. 
  
 John 






de la oficina del editor en jefe
  
A:  John Kenton 
FECHA:  16/1/81 
  
MENSAJE:   ¿No tienes trabajo para hacer? 
  
 Roger 






memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF: Agresividad sin piedad por parte de superior insensible
  
      Si,  le escribiré una carta a Carlos Detweiller, el ganador del Premio Nacional del Libro del año próximo. 
  
 John  
P.D. Y no te molestes en agradecerme. 

 16 de enero de 1981 
  
Sr. Carlos Detweiller 
147 E. Calle14, Depto. E 
Central Falls, Rhode Island 40222, 
  
Estimado Sr. Detweiller,
Le agradezco la interesante carta del 4 de enero, con la breve pero intrigante descripción de su libro, Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. Le daría la bienvenida a una sinopsis más completa del libro, y lo invito a que nos envíe capítulos de muestra (preferiría capítulos 1-3) con su resúmen. Tanto la sinopsis como los  capítulos de ejemplo deben estar tipeados a doble espacio, en una resma de papel de buena calidad (y no del que se borra fácil, ya que capítulos enteros tienen la costumbre de desaparecer en el correo). 
      Como usted ya sabe, la Zenith es una pequeña casa de libros de bolsillo, y nuestras listas actualmente emparejan nuestro tamaño. Como nosotros publicamos sólo originales, recibimos varias grandes propuestas; como somos una editorial pequeña, las propuestas que leemos son, en la mayoría de los casos, devueltas, porque no parecen encajar con nuestras necesidades actuales. Todo lo cual es mi manera de advertirle que no interprete esta carta como un convenio a publicar su libro, porque ése no es definitivamente el caso. Le sugeriría que mande por correo la sinopsis y los capítulos de muestra con la idea de que rechazaremos finalmente su libro. Entonces usted estará prepararado para lo peor... o agradablemente sorprendido si encontramos que es apropiado para Libros Zenith. 
      Por último, aquí tiene las advertencias normales en que insiste nuestro departamento legal (y los departamentos legales, hasta donde yo sé, de todas las editoriales): debe usted adjuntar la estampilla adecuada para asegurar el retorno de su manuscrito (pero por favor no envíe el efectivo que cubra la estampilla), debe comprender que Zenith House no acepta ninguna responsabilidad en el retorno seguro de su manuscrito, aunque nosotros tendremos todo el cuidado razonable, y que, como le dijera anteriormente, nuestro acuerdo en leerlo no es de ninguna manera un convenio para publicarlo. 
      Espero tener noticias suyas, y confío encontrarlo bien. 
  
Atentamente,
John Kenton 
Editor asociado
Zenith House, Ediciones
 Avenida South Park 490 
 New York, New York 10017






memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE: John 
REF:  después de considerarlo...  
  
... estoy de acuerdo. Escribo demasiado. Añadido a esto hay una copia de mi carta a Detweiller. Parece una sinopsis de El Desnudo y el Muerto, ¿no te parece? 
  
 John 











21 de enero de 1981 
  
Sr. John Kenton, Editor, 
Zenith House, Ediciones, 
Avenida South Park 490 
New York, New York 10017, 
  
Estimado Sr. Kenton, 
Le agradezco su carta del 16 de enero que acabo de recibir. Mañana le estoy enviando el manuscrito entero de Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. Hoy tengo poco dinero, pero mi jefa, la señora Barfield, me debe como cinco dólares de la lotería. ¡Muchacho, ella no puede resistirse ante esas tarjetitas para raspar! 
      Le enviaría una "sinopsis más completa", tal como usted le dice, pero no hay ninguna razón para hacerlo cuando usted puede leerlo por sí mismo. Como dice el Sr. Keen, de mi edificio, "Por qué describir a un invitado cuando usted mismo puede ver a ese invitado." El Sr. Keen realmente no tiene una profunda sabiduría pero de vez en cuando dice algo así de ingenioso. Traté de instruirlo en una ocasión (al Sr. Keen) en los "misterios más profundos" y él sólo dijo, "Cada uno a lo suyo, Carlos."  Creo que usted probablemente estará de acuerdo en que éste es un comentario tonto que sólo parece ingenioso.
      Debido a que no tenemos que preocuparnos por la "sinopsis más completa," emplearé mi carta para contarle algo sobre mí. Tengo veintitrés años (aunque todos dicen que parezco más viejo). Trabajo en la Casa de Flores de Central Falls para la señora Tina Barfield, que conoció a mi madre cuando ella todavía vivía. Nací el 24 de marzo, lo que me hace un Ariano. Las personas de Aries, como usted sabe, son muy psíquicas, pero salvajes. Por suerte para mí, yo estoy en la "cúspide" de  Piscis, lo que me  da  el control que necesito para tratar con el universo psíquico. He intentado explicarle todo esto al Sr. Keen, pero él sólo responde: "Hay algo de pescado en tí, Carlos," él siempre está bromeando de esa manera y a veces puede llegar a ser muy irritante. 
      Pero ya es suficiente sobre mí. 
      He trabajado en los Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas durante siete años (desde que tenía 16). Mucha de la información que hay allí la recibí de la tabla "OUIJA". Yo usaba la "OUIJA" con mi madre, con la señora Barfield, con Don Barfield (él ahora está muerto), y a veces con un amigo mío llamado Herb Hagstrom (que también murió, pobre muchacho). De vez en cuando también se unían otros a nuestro pequeño "círculo". ¡Allá en nuestros días en Pawtucket, mi madre y yo éramos bastante "sociales"! 
      Algunas de las cosas que averiguamos de la "OUIJA" están descriptas con "detalles horripilantes" en Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas: 1. ¡La desaparición de Amelia Earhart fue realmente el trabajo de demonios! 2. Fuerzas demoníacas al trabajo en H.M.S. Titanic. 3. El "tulpa" que infestó a Richard Nixon. 4. ¡Habrá un Presidente de ARKANSAS! 5. Y más. 
      Claro que esto no es "todo". "No me enfríes, recién estoy precalentándome", como diría el Sr. Keen. En cierta forma, los Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas son como El Necronomicón, sólo que ese libro era de ficción (inventado por H. P. Lovecraft, que también era de Rhode Island) y el mío es de verdad. Tengo historias asombrosas de "aquelarres" de magia negra a los que he asistido, tomando una pócima y volando a ellos a través del éter (recientemente he ido a los aquelarres de Omaha, Nebraska; Flagstaff, Arizona, y Fall River, Massachusets, sin abandonar "el comfort de mi propio hogar"). Probablemente esté usted preguntándose, "Carlos,  ¿esto significa que es un estudiante de las 'Artes Negras'?" ¡Sí, pero no se preocupe! Después de todo, usted  es mi "conexión" para  conseguir la publicación de mi libro, ¿no es así? 
      Tal como le dije en mi última carta, también hay un capítulo, "El Mundo de los Hechizos", que la mayoría de las personas encontrará muy interesante. Trabajar en un invernadero y tienda de flores ha sido especialmente bueno para trabajar con hechizos, puesto que la mayoría de ellos requieren hierbas y plantas frescas. Soy muy bueno con las plantas, incluso la señora Barfield se lo diría, y ahora estoy cultivando algunas muy "extrañas" en la parte trasera del invernadero. Probablemente sea demasiado tarde para ponerlo en este libro, pero como el Sr. Keen a veces me dice, "Carlos, el momento de pensar en mañana es ayer". Quizá podríamos hacer una continuación, Plantas Extrañas. Hágame llegar su opinión al respecto. 
      Concluiré ahora. Hágame saber que recibió el manuscrito (con una postal será suficiente), y póngame al corriente lo más pronto posible sobre los porcentajes de derechos de autor, etc. Yo puedo ir a N.Y.C. cualquier miércoles en el tren o en el autobús de la Greyhound si usted quiere tener un "almuerzo de publicación", o puede venirse hasta aquí y le presentaré a la señora Barfield y al Sr. Keen. También tengo más fotografías que las que le estoy enviando. Estoy feliz por la publicación de Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas. 
  
Su nuevo autor,
  
 Carlos Detweiller 
 147 E. Calle 14, Depto. E 
 Central Falls, R.I. 40222






memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas, por Carlos Detweiller, 
  
Acabo de recibir una carta de Detweiller con respecto a su libro. Creo que, al invitarlo a presentarla, cometí el peor error de mi carrera editorial. Oooh, la piel me está empezando a arder...  








de la oficina del editor en jefe
    
A:  John Kenton 
FECHA:  23/1/81 
  
Te hiciste la cama. Ahora métete en ella. Después de todo, siempre podemos conseguir un escritor-fantasma,¿no es cierto? Je-je. 
  
 Roger 




 25 de enero de 1981 

Querida Ruth, 

Me siento casi como si estuviera en el medio de un maldito arquetipo; hay segmentos del New York Times del domingo en el suelo, un viejo álbum de Simon y Garfunkel en el estéreo, y un  Bloody Mary al alcance de mi mano. La lluvia golpeando en el vidrio lo hace todo más acogedor. ¿Estoy intentando ponerte nostálgica? Bien... tal vez un poco. Después de todo, la única cosa que falta en la escena eres tú, y probablemente estés montando una tabla de surf más allá de la línea de las grandes olas mientras escribo estas palabras (y llevando una bikini casi inexistente). 
      En realidad, sé que estás trabajando duro (probablemente no demasiado) y estoy convencido de que tu doctorado va a ser un record mundial. Lo que pasa es que la semana pasada fue un verdadero show del horror para mí, y tengo miedo de que pueda haber más por llegar. Entre otras cosas, Roger me acusó de ser un pesado (bueno, realmente eso fue la semana anterior, pero ya sabes lo que quiero decir), y creo que siento acercarse un ataque real de pesadez. Trata de soportarme, ¿de acuerdo? 
      Básicamente, el problema es Carlos Detweiller (con un nombre como ése no podía ser otra cosa que un problema,¿verdad?). Va a ser un problema a corto plazo, el viejo Carlos, como hiedra venenosa o una llaga en la boca, pero tal como sucede con estas dos cosas, saber que el problema es a corto plazo no alivia todo el dolor... sólo te salva de que te vuelvas loco. 
      Roger tiene razón; tiendo a aburrir de tan pesado que soy. Sin embargo, eso no será lo mismo que tener logorrea*. Intentaré evitarlo.   A los hechos, entonces. Como ya sabes, todas las semanas nos llegan presentaciones "por encima de la ventanita". Son las que están  dirigidas  a los "Caballeros",  "Estimado Señor", o "A Quien Corresponda"; en otras palabras, un manuscrito que nadie solicitó. Bien... no todos son manuscritos; al menos la mitad de ellas son las que nosotros, editores modernos, llamamos "cartas de presentación" (¿todavía no te cansaste de tantas comillas? Deberías leer la última carta de Carlos; te cansarías de ellas de por vida). 
      Sin embargo, todas ellas serían cartas de presentación si esta bola de fango realmente fuera el mejor de todos los mundos posibles. Como el 99% de los otros editores en Nueva York, nosotros ya no leemos manuscritos no solicitados; al menos, ésa es nuestra política oficial. Lo decimos tanto en el Mercado del Escritor, como en el Anuario del Escritor, El Independiente, y en La Gacetilla de la Pluma. Pero, aparentemente, del montón de aspirantes a Wolfes y a Hemingways que hay allá afuera, ninguno lee estas cosas, no las creen cuando las leen, o simplemente las ignoran; escoje lo que mejor te parezca. 
      Al menos, en la mayoría de los casos le echamos una mirada al lodo, si éste está escrito a máquina (por favor que no se te escape ni una palabra de esto o nos veremos inundados de manuscritos y Roger probablemente me mate; ya le falta poco para hacerlo, creo). Después de todo, Gente Común apareció de la nada y la primera persona que lo leyó fue un asistente editorial que de casualidad se dio cuenta de que era una historia genial. Pero ésa, por supuesto, fue una oportunidad en un millón. Yo nunca he visto un manuscrito no solicitado que parezca algo más que el trabajo de un brillante alumno de quinto. Claro que Zenith House  apenas se acerca a Alfred A. Knopf (nuestro título líder para febrero es Escorpiones del Infierno, por Anthony L. K. LaScorbia, su continuación a las Ratas del Infierno), pero a pesar de eso... uno tiene esperanzas...   
      Detweiller, por lo menos, siguió el protocolo y envió una carta de

*Nota del Traductor: juego de palabras entre gonorrea y enfermedad del “logotipo”
presentación. Herb Porter, Sandra Jackson, Bill Gelb y yo nos distribuimos las que entran en la semana antes de cada lunes, y yo tuve la desgracia de que me tocara ésta. Después de leerla y reflexionar durante unos veinticinco minutos (tiempo más que suficiente para escribirle a Roger un largo y jadeante memorándum sobre el asunto que, bajo las actuales circunstancias, probablemente nunca vaya a repetir), le escribí una carta a Detweiller pidiéndole que nos mandara unos capítulos de muestra y un borrador del resto. Y el viernes pasado recibí una carta que... bueno, para abreviar, no estoy seguro de cómo describirla. Él tiene veintitrés años y parece ser el empleado de una vieja floricultora de Central Falls, con una fijación por su madre y la convicción de que asiste a sabbats de brujas por toda América drogándose con nuez moscada, o algo así. Ya me estoy imaginando aquelarres en las playas de estacionamiento de los Moteles Six. 
      Pensé que los Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas de Carlos (ya he logrado superar el punto en que sólo el título tenía el poder de hacerme empalidecer y estremecerme en mis zapatos) podría ser una investigación aficionada de algún chico; algo que podría recortarse, exprimirse y venderse al público de Amityville Horror. Es que su carta original era corta, y tan llena de esas meticulosas oraciones objeto-predicado, como para que uno pudiera creerlo. Y mientras que nunca tuve ninguna ilusión de que el hombre fuera un escritor, asumí que por lo menos era capaz de leer y escribir, lo que resultó ser un pensamiento totalmente infundado. Es más, el solo hecho de releer la carta original de Detweiller me hace preguntar cómo pude alguna vez garrapatear la frase Esto tiene cierto encanto aún a medio cocer en el margen... y aún así, ahí está.
    ¿Y qué hay con eso? te estarás preguntando. Podía darle una mirada al manuscrito cuando llegara y luego enviarlo de vuelta con una carta con la leyenda: "Zenith House lamenta informarle", etc. Eso estaría correcto... pero también equivocado. Está equivocado porque  los  tipos  como  Carlos  Detweiller  demasiado a  menudo resultan ser un mal caso de piojos; fácil de contraer, pero del que ni el mismo diablo te cura. Lo peor de todo esto es que le mencioné este mismo hecho a Roger en mi más que largo memorándum original sobre el libro, recordándole al General Hecksler y su Veinte Flores Psíquicas de Jardín; debes acordarte de que te conté cómo el General nos bombardeó con cartas documento y llamadas telefónicas luego de que le rechazáramos el libro (no puedes estar enterada, sin embargo, acerca del correo que Herb Porter recibió de él, en el que Hecksler se refería a Herb como "el Judío Señalado", una referencia que ninguno de nosotros ha descifrado hasta el momento). Se puso cada vez más agresivo, y justo antes de que su hermana lo encerrara en un asilo del estado, Sandra Jackson me confesó que tenía miedo de irse sola a su casa; dijo que temía que el General saltara desde una puerta oscura con un cuchillo en una mano y un ramillete de flores psíquicas en la otra. Me dijo que lo peor de todo aquello era que ninguno de nosotros sabía cual era su aspecto; habríamos necesitado una pericia caligráfica en lugar de una fotografía para poder identificarlo en una ronda policial. 
      Y por supuesto todo esto suena divertido ahora, pero no fue gracioso cuando ocurrió; sólo después de que su hermana nos escribiera descubrimos que éramos simplemente una de sus obsesiones menores, y desde ya él resultó ser peligroso; sino pregúntale al chofer de autobús de Albany al que apuñaló. 
      Y sabiendo todo esto –incluso se lo mencioné a Roger– invité despreocupadamente a Detweiller a que me enviara una copia de su libro. 
      Por supuesto, el otro asunto (y conociéndome tanto como me conoces, probablemente ya lo has adivinado) es muy sencillo: me disgusta errar tan alevosamente. Si un ignorante como Carlos Detweiller pudo engañarme tan bien (imaginé que su libro debía de ser fantasmal, cierto, pero aún así no es ninguna excusa), ¿cuánto material bueno me estoy perdiendo?  Por  favor  no te rías; estoy hablando en serio. Roger siempre está haciendo jirones mis "aspiraciones literarias", y supongo que tiene derecho a eso (ningún progreso en la novela esta semana si es que te interesa; este asunto de Detweiller me ha deprimido demasiado), considerando dónde terminó el antiguo director de la Sociedad Milton de la Universidad Brown (terminó alentando a Anthony LaScorbia para que se pusiera a trabajar en su nueva obra épica, Avispas del Infierno). Pero creo que aceptaría gustosamente seis meses de cartas del evidentemente loco Carlos Detweiller, repletas de amenazas veladas que se vayan volviendo un poco menos veladas con cada misiva, si me pudieran asegurar que no dejé pasar algo bueno debido a una respuesta crítica totalmente equivocada. 
      No sé si esto es más o menos desalentador, pero Roger mencionó en uno de sus Famosos Memorándums que la Corporación Apex va a darle a Zenith al menos un año más para que deje de personificar a un perro muerto y empiece a mostrar algún aumento en las ventas. Él recibió las noticias de Harlow Enders, el jefe interventor de Apex en New York, así que probablemente sea cierto. Supongo que es una buena noticia cuando consideras que en estos días no cualquiera en el mundo de la publicación tiene una oficina adonde ir, ni siquiera con una compañía cuyo más constante y más grande serie leída es la del Macho Man y cuyo problema interno más grande no son los espías que hacen copias de manuscritos para que los estudios cinematográficos puedan conseguir una vista previa, si no que tiene cucarachas en el refrigerador. Quizá no sea tan bueno cuando piensas en qué poco dinero tenemos para gastar (quizá te merezcas los Carlos Detweillers del mundo cuando lo máximo que puedes ofrecer como adelanto por derechos de autor es $1800) y la distribución de mierda que tenemos. Pero nadie en Apex entiende de libros o del mercado de libros, incluso dudo si en primer lugar alguien  allí sabe por qué eligieron comprar Zenith House el año pasado, excepto    que lo hicieron porque se les presentó una compra barata. Las oportunidades de que podamos mejorar nuestra posición (2% del mercado del libro de bolsillo, decimoquintos en una lista de quince) en el transcurso del año próximo no son demasiadas. Quizá terminemos casándonos en California después de todo, ¿eh, nena? 
      Bien, suficiente calamidades y pesimismo –mañana mandaré esto por correo y con suerte volveré a trabajar en mi libro– y la próxima carta que te escriba será de la variedad "locuaz y llena de noticias". ¿Quieres que le pida a Carlos que te envíe flores desde Central Falls? 
      Olvida que pregunté eso. 
Con amor,
John 
  
P.D. -Y dile a tu compañera de cuarto que no creo que fabricar "el Frisbee comestible más grande del mundo" tenga ningún mérito en absoluto, Libro Guinness de los Records o no. ¿Por qué no le preguntas si tiene algún interés en sentarse en una bañera llena de fideos para los Records Mundiales? El primero que la reviente se gana un viaje con todos los gastos pagos a Central Falls, Rhode Island...  
  
   J. 
memorándum de oficina
  
A:  Roger 
DE:  John 
REF:  Verdaderos Cuentos de las Plagas Demoníacas, por Carlos Detweiller,

El manuscrito de Detweiller llegó esta mañana, envuelto en bolsas de la compra, asegurado con cinta (roto en su mayor parte), y aparentemente tipeado por alguien con terribles problemas de control motriz. Es todo tan malo como me lo temía: pésimo, más allá de toda esperanza. 
      Este puede y debe ser el fin, pero algunas de las fotografías que él adjuntó son intensamente perturbadoras, Roger, y éste no es ningún chiste, así que por favor no te lo tomes como si lo fuera. Ellas son una rara conglomeración de fotos en blanco y negro (sacadas con una Nikon, supongo), en color (también con la Nikon), y unas Polaroid SX de 70 tiros. La mayoría de ellas son de ridículos hombres y mujeres maduros, vestidos con batas negras con signos cabalísticos cosidos en ellas, o de hombres y mujeres maduros con nada en absoluto, exhibiendo zancas flacas, pechos caídos, y  barrigas enormes. Se ven exactamente como uno supone que las personas de Central Falls imaginarían a qué debiera parecerse una Misa Negra (en algunas de ellas hay un hombre mucho más joven que probablemente sea el mismo Detweiller; este joven siempre está enfocado de atrás o con su cara en las sombras), y el escenario parece ser, en la mayoría de los casos, un invernadero; me imagino que relacionado con la floricultora donde Detweiller dijo que trabajaba. 
      Hay un paquete de seis fotos etiquetadas como "La Reunión Sagrada" que muestra  manifestaciones  plásmicas tan  obviamente falsificadas que dan lástima (lo que parece ser un globo escarchado con pintura Day-Glo está flotando desde las yemas de los dedos del médium). Un tercer paquete de fotografías (todas de SX-70) son del estilo de libro de "exposición", con tomas de varias plantas que pretenden ser hierba mora mortal, belladonna, pelo de virgen, etc. (es imposible para mí decir si las etiquetas están correctas, ya que no puedo diferenciar a un arce de un pino ponderosa sin ayuda; Ruth probablemente lo sepa). 
      De acuerdo, ahora la parte perturbadora. Algunas de las fotografías con las escenas de la "Misa Negra" (cuatro, para ser rigurosamente exactos) pretenden mostrar un sacrificio humano... y a me parece que ellos quizá realmente mataron a alguien. La primera fotografía muestra a un viejo con una sumamente realista expresión de terror en la cara, acostado sobre una mesa en el invernadero que mencioné. Varias personas vestidas con túnicas están sujetándolo. El hombre joven que pienso que es Carlos Detweiller está de pie a la izquierda, desnudo, con lo que parece ser un cuchillo Bowie. La segunda foto muestra el cuchillo enterrándose en el pecho del viejo compañero; en la tercera, el hombre que yo presumo pueda ser Detweiller está metiendo la mano en la cavidad del pecho; en la última está sosteniendo una cosa chorreante para que los demás puedan verla. La cosa chorreante se parece muchísimo a un corazón humano. 
      Las fotos podrían ser completamente falsas, y yo sería el primero en admitirlo; supongo que un hombre con efectos especiales medio decentes podría recrear algo así, sobre todo con calma... pero los esfuerzos por engañar en las otras fotografías son tan dolorosamente obvios que me pregunto si eso pueda ser así.
      Solamente con ojearlas tengo suficiente como para vomitar las galletitas, Roger; ¿qué pasaría si nos hemos tropezado con un grupo de personas que realmente están practicando sacrificios humanos?  ¿Asesinatos en masa, tal vez? Estoy asqueado, aunque por el momento más asustado que otra cosa. Todo esto podría decírtelo personalmente, por supuesto, pero parecía importante notificártelo por escrito, por las dudas de que termine siendo una cuestión legal. Cristo, ojalá nunca me hubiese enterado de la existencia de Carlos Jodido Detweiller.
       ¿Por qué no vienes y le echas un vistazo a las fotos en cuanto puedas, si? Ni siquiera sé si debo tomar el teléfono y llamar a la policía de Central Falls o no. 
  
 John 
  
    


 













FIN  DE  LA  PLANTA,  PARTE  UNO
 

 
 





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