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sábado, 30 de enero de 2010

El Diablo en «Los Milagros de Nuestra Señora» , Gonzalo de Berceo

Serie III, H/ Medieval, págs. 519-532

El Diablo en «Los Milagros de Nuestra

El Diablo en «Los Milagros de Nuestra

Señora» de Gonzalo de Berceo

JUAN PEDRO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

Alumno de Tercer Ciclo H^ Medievai

Con motivo de la pérdida de mi Maestro don José Luis Martín Rodríguez le

quiero rendir homenaje a través de este humilde trabajo sobre el Diablo en «Los

Milagros» de Berceo, tributo postumo a quien en los últimos años nos ha ofrecido

un legado historíográfico muy influyente en la formación de los actuales jóvenes

medievalistas y que perdurará en el tiempo, como perdura su persona en el recuerdo

de quienes nos hemos formado bajo su magisterio.

A José Luis Martín Rodríguez

RESUMEN

El objeto de este articulo es el análisis de

la figura del Diablo en la obra cumbre de

Berceo; a través de «Los Milagros»

podemos conocer rasgos sobre sus

características físicas y psíquicas, su forma

de intervenir y su papel en la vida cotidiana

y en el más allá, o la organización del

infierno, con claros paralelismos con las

instituciones medievales; así, podemos

estudiar la concepción que se tiene sobre

el mismo en sus diferentes variantes

popular o más teológica durante el periodo

medieval, siendo el Diablo de Berceo un

punto intermedio entre ambos. Al estudio

de esos rasgos queda consagrado el

presente artículo.

JUAN PEDRO RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ

BERCEO: BREVE INTRODUCCIÓN. TEOLOGÍA E INTENCIONALIDAD

DE SU OBRA

El riojano Gonzalo de Berceo (1195-1265) es el principal representante del

mester de clerecía, en un contexto de incipiente escolástica. Sin entrar en detalles

sobre su producción literaria y sobre su contexto, la principal intencionalidad de su

obra es catequética; así hace que sus ideas y teorías sean fáciles de entender y

asimilar. Para ello usa un lenguaje y explicaciones sencillas; en verdad, es un autor

culto y buen conocedor del dogma. Con la misma motivación, se expresa en

una lengua romance todavía balbuciente, a pesar de ser versado en el uso del latín

y, de hecho, muchas de sus obras son traducciones o interpretaciones de dicha

lengua, quedando frecuentemente en entredicho la originalidad de este clérigo

del monasterio de San Millán de Suso. Ese afán por hacerse entender lleva a que

muestre conceptos sencillos para no crear confusión; se acerca a la realidad

cotidiana y deja aparte los tecnicismos dogmáticos. En ese sentido, «Los iVIilagros

» no se pueden catalogar de tratado, sino como un texto de divulgación teológica

popular y para su lectura y representación pública. Con todo ello, busca

cercanía y complicidad con el auditorio e incluso introduce episodios humorísticos,

como el Milagro del clérigo embriagado en que la Virgen torea y patalea al Diablo,

que podrían implicar una

representación teatral

del Diablo que luego explicaré.

Esos triunfos de la Virgen sobre el Diablo, además de reforzar la figura de la Virgen,

debían agradar y divertir al auditorio. Con todo ello, busca fomentar la obediencia

religiosa y el reconocimiento del poder de la Iglesia; ese es el mismo fin de

los libros de horas, las esculturas en iglesias... a lo largo de toda la Edad Media.

En «Los Milagros», en concreto, busca la devoción por la Virgen y la promoción

de su culto.

Hay que tener en cuenta que en el siglo xii, estando ya superados los temores

de las corrientes milenaristas, se había generalizado la creencia en el Diablo;

todo está lleno de demonios, ángeles, santos... Esto lleva a la «terapéutica» sagrada

de reliquias, rezos, peregrinaciones... Por ello, en todos los sitios habría presencia

del Diablo para justificar esa terapéutica. A ello no es ajeno Berceo, que

también procede a esa

instrumentalización del Diablo, que no sólo personifica el

mal, sino que está presente en todas las cosas negativas de la vida cotidiana. Pa

pini

escribió hace medio siglo «también el Demonio forma parte del mundo sobrenatural

y cristiano». Está integrado en la Historia de la Salvación y en su economía

al ser el protagonista de la propaganda del miedo al infierno y todas sus connotaciones

morales, psicológicas, fisiológicas... Mediante su figura se busca inducir a

confesión, a no pecar, al rezo y a fomentar la devoción; se busca un verdadero

«shock» emotivo a través del miedo a la condenación. Por ello, Berceo se sirve de

su figura para incentivar el culto a la Virgen y levantar la piedad de los fieles y, hasta

cierto punto, aportar beneficios económicos derivados de dicho culto. También,

como luego pasaré a detallar, es usado contra judíos, musulmanes, herejes...

Todo ello enmarcado en una culpabilización y salvación individual, a pesar de la

demonización de esos colectivos. Por último, hay que matizar que la presencia del

Diablo en «Los Milagros» no es exclusiva, ya que aparece en el resto de obras de

Berceo, también como figura instrumentalizada.

EL DIABLO A LO LARGO DE LA NARRACIÓN DE LOS MILAGROSANÁLISIS

EN LOS DISTINTOS MILAGROS

Durante la narración son continuas las alusiones que encontraremos al Diablo,

con distintos nombres (Belcebú, Demonio, Diablo...); incluso, muchas veces,

sin nombrarle, se encuentra patente mediante la asociación de ideas Mal-Pecado-

Diablo; también al inspirar a las almas y arrastrarlas al pecado. Otras muchas

veces sí que aparece y actúa directamente, bien materializándose en la tierra, el

infierno o en el purgatorio. En otras ocasiones nos muestra a diablos menores; es

posible analizar el Diablo como individuo o como un colectivo o especie de seres

malignos intermedios. Ya sea de una u otra forma siempre busca personificar el

mal o algún rasgo que pueda estar relacionado, como la envidia, la mentira o el

robo.

Hay que tener en cuenta que, posiblemente, la obra era para representarla

ante un auditorio; por ello, cada vez que aparece el Diablo se podría realizar una

representación peculiar del mismo con gestos o disfraces. Es una imagen o representación

que no podemos conocer hoy en su integridad, pero su conocimiento

hubiese enriquecido cualquier trabajo sobre la materia y hubiese supuesto un

testimonio de primera importancia tanto desde el punto de vista folclórico como en

los aspectos propiamente escatológicos. Tenemos que prescindir por ello de esa

imagen.

En casi todos los milagros se repite la misma estructura:

1. Situación inicial no degradada.

2. Intervención externa negativa (Diablo) directa o indirecta (protagonista falla

en base al libre albedrío).

3. Situación degradada-Alejamiento de Dios.

4. Mediación de la Virgen, santos, ángeles...

5. Vuelta a situación inicial tras reparación del pecado; vuelta a la vida.

Milagro II

Aparece un monje bueno y beato que peca de fornicario; «El enemigo malo, de

Belcebú vicario que siempre fue y es de los buenos contrario tanto pudo bullir el

sutil adversario que al monje corrompió e hízolo fornicario». Portante, fruto de una

tentación llega a ese estado degradado a ojos de Dios. Según el texto, puede ser

por incitación de otro demonio menor o de otra persona en estado degradado; no

se puede deducir la directa intervención del Diablo en este Milagro.

Al fallecer en estado degradado rápido, son los demonios los que se adueñan

del alma y, a pesar de la oposición de varios ángeles, lo quieren llevar a un infierno

«de deleites vacio». A la mediación de la Virgen replica «un diablo sabldor, sutil

y muy certero»; Cristo le devuelve a la vida para hacer penitencia y muere en

santidad.

Milagro VI

Vemos un ladrón devoto al que intentan ahorcar por sus delitos, pero se salva

al sostenerle en el cadalso la Virgen. La importancia de este episodio radica en que

en el «Libro de Buen Amor» del Arcipreste de Hita hay un capítulo parecido, pero

a la inversa; es el Diablo quien sostiene a un ladrón hasta que se cansa de salvarle

una y otra vez y le deja morir ahorcado.

Milagro Vil

Nos muestra un monje descarriado que tiene de su barragana un hijo, lo cual

implica una crítica por parte de Gonzalo de Berceo hacia el clero concubinario. A

eso se suma que muere sin comulgar y por ello «le llevaron los diablos su alma a

la prisión». Ante la mediación de la Virgen y San Pedro vuelve para hacer penitencia

en vida. Es el propio San Pedro quien va donde los demonios «mal concejo

enconado» y recupera el alma.

Milagro VIII

Es un Milagro muy especial por la participación directa del Diablo. El protagonista

es un romero de Santiago que antes de salir a la romería «en lugar de hacer

vigilia yació con una amiga. No tomó penitencia como la ley obliga, metióse en el

camino con esta mala ortiga»; así queda en situación degradada y vulnerable al

Diablo. Éste se transforma en ángel verdadero y le hace creer que es el apóstol

Santiago; así le arrastra a mutilarse el miembro viril y luego a degollarse, agravando

la situación con el suicidio. Los diablos se apresuran a adueñarse del alma

del romero y al oponerse Santiago uno de ellos le contesta «Guiraldo (el romero)

hizo enemiga, mátese con su mano, debe ser juzgado de Judas por hermano, es

de todas maneras él nuestro parroquiano». La respuesta de Santiago es contundente

«Don traidor palabrero, no os puede vuestra charla valer en mal dinero trayendo

ía mí voz como falso vocero diste consejo malo, mataste a mi romero», responsabilizándolo

del suicidio. La Virgen, con su mediación, provoca que de nuevo

vuelva el alma del romero al cuerpo para cumplir penitencia «el engaño sufrido provecho

debía tener: al apóstol Santiago creía obedecer pues creyó que por eso podría

salvo ser; mas el engañador lo debe padecer».

Milagro X

Es de gran importancia por aparecer la figura del purgatorio; allí se encuentran

las almas de dos hermanos «a su hermano vio con otros pecadores, donde estaba

el mezquino en muy malos sudores; daba voces y gritos, lágrimas y clamores, había

gran abundancia de malos servidores». Da una descripción próxima al Infierno

«dábanle por pitanza no manzanas ni higos, sino humo de vinagre, heridas y pellizcos

». Por mediación de varios santos ante la Virgen, vuelve uno de los hermanos

a la vida para reparar sus fechorías. Hay que tener en cuenta que ninguna de

las almas de hombres que mueren sin pecado aparece en el purgatorio, sino ya directamente

ángeles los llevan al cielo normalmente sin «juicio previo».

Milagro XI

Ai morir un labrador avaro «en soga de demonios fue luego cautivado, lo

arrastraban con cuerdas, de coces bien sobado». Cuando un ángel dice que era

devoto de la Virgen; «Tan pronto como el nombre de la Santa Reina oyeron los demonios,

se apartaron aína; derramáronse todos como en una neblina»; así lo recogen

los ángeles y se llevan el alma.

Milagro XII

El protagonista es un mal prior, pero fiel a la Virgen y por ello «teníale el demonio

gran despecho».

Milagros XVl/XVtl

Aunque no intervenga el Diablo, se produce cierta «demonización» de comportamiento

en cuanto al judío padre del protagonista de este Milagro. Como veremos

en el Milagro de Teófilo y explicaré posteriormente, en la Edad Media existía

la convicción de que tanto judíos, como musulmanes y herejes servían al

Diablo, aunque no fuera de forma consciente. Por eso, en este Milagro XVI, ante el

comportamiento agresivo del judío, que arroja a su hijo a un horno caliente por haber

comulgado, el texto dice «no sabía con su ira qué fiacer el endiablado; hacía

gestos malos como un endemoniado». En el Milagro XVIII se hace patente esa demonización

cuando habla de los judíos torturando un Cristo de cera; ese tipo de

historias son muy frecuentes como también detallaré.

Milagro XX

De gran importancia; en él se aparece el Diablo bajo diversas apariencias

que funden lo humano y lo animal de acuerdo con la tradición judeocristiana y los

modelos medievales. El protagonista es un clérigo embriagado ai cual «el demonio

lo quiso duramente espantar»; se convierte en león-perro y toro; luego analizaremos

el origen de esta imagen del Diablo. En este capítulo es ridiculizado el Diablo

al torearlo, burlarse de él y patearlo la Virgen. Así coincide con la imagen popular

que ridiculiza al Diablo; son habituales hasta los casos en que los mortales le llegan

a engañar e incluso sale maltratado en las narraciones medievales.

Milagro XXI

Hace referencia al famoso pacto con el Diablo de Teófilo, tema muy extendido:

«Socorriste a Teófilo que era desesperado, el que hizo con su sangre carta con el

pecado, por él tu buen consejo quedó reconciliado...». También muestra al Diablo

riendo por el embarazo de la priora.

Milagro XXIV

Trata de dos ladrones de una iglesia, siendo uno clérigo y el otro lego, de tal

manera que Berceo achaca su forma de actuar a que «guiábalos el diablo que es

el peor guión». El Milagro termina con la siguiente oración, que sigue denotando la

importancia de la Virgen como protectora ante el demonio; «líbranos del demonio,

de la su zancajada que tiende a nuestras almas siempre mala celada».

Milagro XXV; el caso de Teófilo

Es el más importante en cuanto a contenidos sobre el tema tratado, ya que da

detalles del pacto satánico. Hay que tener en cuenta que la de Teófilo es una historia

de gran difusión y que será modelo de posteriores narraciones sobre pactos

satánicos. En Berceo se puede estudiar como un proceso muy completo:

1. Situación inicial de estabilidad y devoción de Teófilo.

2. Estado de carencia-degradación a la muerte del obispo y llegada de uno

nuevo; sufre una transgresión como Caín, antítesis del comportamiento

de Job.

3. Aparece un mediador negativo que es un «mal judío» (de nuevo la demonización

racial-religiosa).

4. Reunión-pacto con el Demonio; es un detallado pacto feudal de cambio de

señor.

5. Recupera la posición ventajosa al restablecerse su status personal; sin

embargo, a ojos de Dios, está degradado moralmente y supone que a su

muerte sea propiedad del Diablo.

6. Situación de arrepentimiento; comienza proceso inverso.

7. Devoción por la Virgen: supone su mediación y acercamiento a Cristo; actividad

mediadora.

8. Así se recupera su alma, incluyendo la recuperación de la prueba material

del pacto y de nuevo se vuelve, tras penitencia y confesión pública, a la situación

Inicial de estabilidad y devoción.

CARACTERÍSTICAS DEL DIABLO EN «LOS MILAGROS»

En el Diablo que nos muestra no queda nada de su etapa de ángel, antes de la

condenación. Si bien para los renacentistas es una «superstición medieval», en la

Edad Media es visto como algo habitual, al igual que la Virgen o los santos, fruto

de esa convivencia del hombre medieval con el más allá; es constante la presencia

del otro mundo, ambos en continua comunicación. El Diablo está integrado en esa

visión mágica del universo; es un Diablo muy racionalizado, real y físico, como también

lo es la imagen que tienen del infierno, imagen más terrible a partir del siglo

XIV. Fruto de esa

habitualidader] la vida cotidiana del Diablo, que se refleja en «Los

Milagros», se nos muestra un Diablo muy activo e intervencionista; no espera a la

muerte de las personas o al juicio final. Ese activismo del Diablo y de lo demoníaco

hace necesario asociarse a la Virgen, santos... y da sentido a su mediación y

protección. Berceo no nos lo muestra como rival de Cristo, sino como antagónico

de la Virgen, a la cual teme. Hay que tener en cuenta que la Virgen es el amor restaurador

y, en cambio, el Diablo es el rencor, la oscuridad y la envidia; también

teme a Cristo; esto se ve en la indicación a Teófilo de no santiguarse.

Berceo recurre a los dos tipos de diablos medievales; por una parte el temible

que personifica el mal y viene de la tradición judeo-bíblica; por otra el popular, que

se verá en las narraciones de sus visitas a monjes (que muchas veces le engañan),

en las diablerías de Cataluña o mascaradas de Francia. Berceo usa muchos

nombres para designarle, sobre todo Diablo o Demonio. También «enemigo»,

«mal caudillo», «animal»... Se puede dar cierta confusión en cuanto a que muchas

veces, por su proximidad y activismo, se muestra como un ser intermedio o monstruoso,

lo cual le acerca a la vertiente más popular del Diablo.

Aparece como supremo

castigador. En un sentido estricto, ese sería su oficio;

no puede condenar aunque si tentar y, llegado el caso, castigar. Eso sí, hay que tener

cuidado con esta afirmación, ya que la propia Virgen en algún Milagro se

muestra castigadora; así la vemos en el de la casulla de San Ildefonso, con los ladrones

del templo, con los asesinos dentro de una iglesia... Por ello, además de

castigar y torturar, ya sea directamente o a través de otros demonios menores que

le rodean, aparece con la funcionalidad de carcelero, visión que reforzará Abelardo

(1079-1142). De este tipo de atributos son «testigos» las frecuentes narraciones

de «viajes» o «visiones» del infierno. Con todo ello ejemplifica la justicia divina.

En verdad, la gran función del Diablo, y que justifica su instrumentalización, es

la de ser

tentador.

Es una facultad que Dios le consiente. Hay que tener en cuenta

que el hombre sucumbe a sus tentaciones fruto del libre albedrío de que disfruta;

el Diablo hace surgir sentimientos negativos (pesimismo, envidia, orgullo) con la

finalidad de romper la conexión Dios-hombre; ya lo hizo en el Pecado Original. Pretende

arrastrar al hombre en su ruina y le tiene envidia por su status, siendo su único

consuelo verle condenado y torturarle. La visión del Diablo como sirviente de

Dios para tentarnos y que así distingamos entre pecado y virtud viene sobre todo

desde Máximo el Confesor (580-662) y Juan Damasceno (675-749); hay que tener

en cuenta, que bajo esa facultad de tentador, llega a acosar a Cristo. Inocencio 111

dice en el IV Concilio de Letrán (1215-6) «el hombre pecó por sugestión del Diablo

». Como luego explicaré, tendría cierto derecho a tentarnos en la tierra, siendo

ésta un campo de batalla en que somos soldados de Cristo acosados por los

diablos a través del pecado, como defienden Juan Casiano (350-432) y Gregorio

Magno (540-604). Cuando resistimos salimos reforzados; es por ello que Dios le

consiente que acose a los santos, ya que sabe que resistirán y así saldrán reforzados

en la fe. Hay que tener en cuenta que tras pecar, como se puede ver en los

Milagros, nos encontramos «in sorte diaboli»; es un derecho limitado y concedido

por Dios, y es por ello que actúe más sobre personas que han pecado y que por

ello ya pertenecen a su ámbito de influencia directa. Eso sí, sólo vemos en «Los

Milagros» personas asediadas por el Diablo (obsesi), pero no posesos (tan sólo

hace alguna acepción circunstancial a endemoniado).

Para ejecutar sus funciones de tentador se muestra muy

persuasivo y astuto;

conoce bien la teología y por ello requiere pacto escrito, para no ser engañado

(como sucede en un peculiar tipo de narraciones burlescas medievales) y así

usar esos mecanismos en su favor. No duda en engañar, como al romero de

Santiago, al cual arrastra al segundo pecado de suicidarse. Así llega a parecer un

genio o demonio burlesco de tradición nórdica; para ello puede entenebrecer y confundir

la razón, además de esa capacidad de persuasión que estudió Santo Tomás

de Aquino (1225-1274). También se burla del pecado, como en el Milagro de la

abadesa embarazada. Se muestra como un fiscal o acusador; o bien usa otros demonios

menores, a modo de vicarios, para realizar tales funciones. Además, como

ya he comentado, es sayón o torturador, ejecutor de la justicia divina. Eso sí, en

momentos se le ve asustadizo, en la línea de la tradición popular medieval (que se

irá reforzando en los siglos xiv y xv); fruto de ello, le atemoriza la Virgen o incluso

el santiguarse (como en el Milagro de Teófilo).

En Berceo, su imagen sigue los modelos medievales en la línea de la difundida

imagen que nos da el cluniacense Glaber en el siglo xi; así, nos muestra un Diablo

en que destaca la fealdad, la negritud... nada queda de su pasado como ángel

en la corte de Dios, al igual que los otros demonios que le rodean. También se

muestra con rasgos de animal, entre la tradición judeocristiana y los dioses asociados

de los paganos. Destaca cuando aparece como león-perro y toro en el Milagro

del monje embriagado; es una asociación de la costumbre judeocristiana, de

una visión del Salmo XXII. A la vez, el tratamiento que le da la Virgen al torearle y

patearle en ese Milagro nos lleva al Diablo popular.

Tiene la capacidad de mostrarse encarnado en hombre y de

usurpar otra figura

o personalidad;

así lo hace cuando se presenta al romero de Santiago y le hace

creer que es el apóstol.

Los

mecanismos de defensa

frente al Diablo que se deducen de «Los Milagros

» son:

• No pecar; pecar facilita la actividad del Diablo y rompe la conexión hombre-

Dios, llevando a la condenación: así se evita la situación degradada que

haga vulnerable al hombre.

• La oración y símbolos externos del cristianismo; por ello el judío que lleva a

Teófilo ante el Diablo le recomienda no santiguarse. Juan de Carpathos en el

siglo VIII recomendaba la oración como arma invencible.

• Devoción por santos y la Virgen por su capacidad mediadora en el más

allá; de ahí la gran importancia de las peregrinaciones, ofrendas... Esa devoción,

como vemos una y otra vez en «Los Milagros», tiene su compensación;

a mayor devoción y manifestaciones externas de la misma, más eficaz

será la futura mediación de esas fuerzas sobrenaturales. Sirva de ejemplo la

mediación de Santiago por el romero que muere bajo su advocación realizando

el Camino de Santiago.

• La confesión; elimina el pecado realizado y renueva la conexión hombre-

Dios. No se puede olvidar que en el IViilagro del romero de Santiago el

no

confesarse tras pecar supone su ruina y el acoso el Diablo.

Esos mecanismos son los mismos que en la actualidad siguen recomendando

los modernos exorcistas, como prevención a posibles ataques del Diablo.

PACTO CON EL DIABLO Y SUS SEGUIDORES

El Pacto con el Diablo tan sólo se puede apreciar en el Milagro de Teófilo, pero

de una manera bastante sistemática y completa. La historia del pacto de Teófilo tiene

su origen en el siglo vi y gozará de una gran difusión a lo largo de toda la Edad

Media, recogido de forma magistral por el francés Rutebeuf (muerto alrededor de

1285), que influirá en el mito de Fausto en Marlowe y Goethe; en España, aprovechando

la escenografía barroca, en Lope de Vega («La gran columna fogosa»).

Calderón de la Barca («El mágico prodigioso») y Amescua («El esclavo del Demonio

»). También aparece este tema del pacto con el Diablo en la Edad Media española

en el Arcipreste de Hita, en Alfonso X, en Juan Gil de Zamora...

Es un tipo de pacto medieval-feudal que lleva a cambio vasallático; implica renuncia

a un señor por otro. Esa misma visión se da en Dios respecto a Adán y Eva,

que reciben en feudo el Paraíso y tras el Pecado Original se rompe ese orden; les

supone el exilio y la falta de protección. Del mismo modo, ese vínculo vasallático se

ve en Noé y en el Sinaí. Tras la Encarnación y Pasión de Cristo se renueva el pacto

vasallático; los lazos se establecen mediante el bautizo. También el Diablo con su

revuelta contra Dios y el orden perdió el lazo y quedó sin la protección de Dios, condenado

al exilio en el infierno. Berceo, a través del Milagro de Teófilo, da gran importancia

al pacto en el sentido material, a la prueba que guarda el Diablo de dicho

pacto; se ve en la preocupación por tenerlo el Diablo de cara a mostrarlo como

prueba de su derecho a poseer el alma de Teófilo y de ahí el cuidado de la Virgen

por recuperar dicha prueba material. La creencia en ese pacto material se refuerza

en el siglo xii y evita la imagen medieval del Diablo engañado por humanos. Esos

pactos y las cartas del Diablo llegarán a configurar un género literario en la Edad

Media y Moderna, muchas veces a modo de protesta social. Otras veces habrá falsificaciones

para procesar a brujas y se alegarán como pruebas en sus procesos,

incluso aportando las supuestas firmas del Diablo.

Con respecto a los seguidores del Diablo, en «Los Milagros» no aparece ninguna

reunión o aquelarre; eso será más a fines de (a Edad Media. Por ello, no existe

el satanismo en forma de culto al Demonio como religión sistematizada. Eso sí,

Berceo equipara esto a los malos(al asesino, suicida, ladrón...) o a quien practica

brujería, como el judío del Milagro de Teófilo. A ellos, junto a los demonios menores

y condenados, los llama Berceo «parroquianos». Aparece como gran seguidor

a destacar precisamente el judío de ese Milagro, que se comporta como verdadero

intermediario Teófilo-Diablo que le lleva futuros siervos.

En cuanto a los seguidores del Diablo hay fuertes connotaciones antijudías en Berceo;

a lo largo de la Edad Media se tiene por servidores a los herejes, judíos y musulmanes

(se llega a llamar Mahoma al Diablo), aunque no sean conscientes de ello (las

brujas sí lo serían). Esos matices de demonización del judaismo y de marcado antisemitismo

se ven en los Milagros de Teófilo (el intermediario Diablo-Teófilo es un brujo judío),

los judíos de Toledo (tienen una escultura de un Cristo para crucificar) y el judío

que arroja a su hijo a un horno por comulgar... Ese tipo de historias son muy comunes

en la Edad Media europea y se materializarán en todo tipo de literatura, desde refraneros

a escritos de propaganda antisemita; se producirán procesos contra judíos,

como el del Niño de la Guardia, que se alimentan de esas creencias y que tendrán continuidad

hasta casi nuestros días a través del mito del contubernio judeomasónico. Incluso

esa demonización del judaismo lleva a que al Diablo se le represente con los rasgos

con los cuales se estereotipa al judío; narices largas y ganchudas.

HABITAT Y CORTE DEL DIABLO

En «Los Milagros» al Diablo se le ve actuar tanto en el infierno y purgatorio,

como en la tierra; no permanece impasible esperando en el infierno, como expuse

en lo referente a su activismo. El único sitio donde no puede actuar es en el cielo;

sólo de allí está exiliado.

En la tierra son propicios para su intervención la noche y la oscuridad (se ve en

el Milagro de Teófilo) e incitan a ello el pecado y los sentimientos negativos de las

personas. También tiene facilidad para aparecer en descampado o en un camino

(como al romero de Santiago); era una creencia generalizada, que ya viene de

Egipto y de la tradición judeocrlstiana, el que hay sitios propicios para que se

manifieste y que hacen más vulnerable al humano a ser atacado (obsesi) o tentado,

como se puede ver en el hecho de que tienta a Cristo en el desierto; entre esos

sitios, además del desierto o los caminos, podrían estar los templos abandonados

O paganos y ciudades. Hay que tener en cuenta que en la tierra tiene derecho a

tentar e incitar a hacer el mal; como ya he mencionado, la visión medieval consiste

en que tras la traición que le supone a Dios el fallo de Adán y Eva la tierra está

en manos del Diablo, siendo plano de su lucha contra nosotros como soldados de

Cristo que debemos resistir a las tentaciones; en el siglo xii la Escuela de Laon

mantiene que tiene derecho sobre la humanidad, y Dios respeta ese derecho. En

verdad, está patente la idea agustiniana de la humanidad entregada a las tentaciones

del Diablo y la división del mundo en dos planos (en época de Berceo es todavía

muy incipiente la idea del purgatorio); en el plano bajo queda el Diablo con

sus demonios y los condenados. En cambio, Abelardo defiende que sólo tiene poder

sobre injustos y es usado como carcelero. En cualquier caso, esta actuación

del Diablo, demonios, santos, Virgen... es cosa habitual en la Edad Media; todo se

ve lleno de esos seres que están integrados en el cosmos y en el orden de las cosas

y actúan continuamente en la vida cotidiana. A la intervención de los seres maléficos

se achaca lo negativo como las enfermedades y todo tipo de desgracias; los

beneficios también vienen de la intervención de seres. En ese sentido, en la tierra,

igual que en el cielo, infierno y purgatorio, se dan pugnas entre esos seres y así se

da sentido al culto y labor que se les asigna de mediación; no sólo son las luchas

espirituales que estudian los teólogos, sino que son muy físicas y por ello son representados

como verdaderos guerreros; también en las guerras terrenales entre

ejércitos de mortales intervienen ayudando a uno u otro bando, concepto que

nos introduce en la guerra santa y en la guerra justa. En cualquier caso, en «Los

Milagros» sí que podemos apreciar pugnas, más bien dialécticas entre fuerzas sobrenaturales

del mal y del bien, normalmente disputando por el derecho a obtener

las almas de los mortales.

Con respecto al infierno y al

purgatorio,

Berceo nos los presenta muy parecidos

en sus descripciones, como sitios de castigo, fuego, dolor... A través de ellos busca

un verdadero «shock» que refuerce el acercamiento a la Iglesia y fomentar las diferentes

formas de piedad. A lo largo de la Edad Media destacan, como género literario,

las visiones y visitas con descripciones a estos lugares, género que culminará

con el triunfo poético de Dante. Berceo nos presenta, tanto en el purgatorio

como en el infierno, cómo se castiga y hace énfasis en el dolor tanto físico como espiritual

que provoca el fuego; el purgatorio puede tener un sentido purificador de

preparar para la inmortalidad, como si fuera un periodo de adaptación. Berceo

nos cuenta que, además de los demonios menores, el infierno lo habitan «parroquianos

».

El purgatorio aparece solo una vez, en el Milagro de los dos hermanos (llama

la atención que ambos estén allí por pecados capitales), y con caracterización similar

ai infierno. Precisamente, en ese mismo IVlilagro, es la única ocasión en

que aparece el

juicio inmediato;

en los demás se pasa directamente al cielo o al infierno

al apoderarse de ellos los ángeles o demonios, según les corresponda.

Hay que tener en cuenta que ese «juicio inmediato» será a partir de la peste de

1348 cuando se generalice. En cuanto al purgatorio, esta es una de las primeras

veces que aparece en romance; ese purgatorio es para expiar los pecados, pero el

mecanismo habitual en los IVIilagros es volver a la vida y ahí reparar los pecados

cometidos anteriormente, y rectificar el comportamiento. Según Le Goff, el purgatorio

es uno de los grandes descubrimientos que nos aporta la Edad Media; el verdadero

padre del purgatorio es San Agustín (354-430). En el siglo xii, con la incipiente

escolástica y su búsqueda de sistematizar la teología se empieza a

desarrollar el concepto; será en el siglo xiii cuando quede fijado en la Iglesia latina

en formulaciones oficiales. El auge de este concepto, en cuya extensión serán decisivas

las órdenes mendicantes, llevará a su creciente complejidad y detallismo

como construcción realmente sistematizada, descrito en diferentes visiones y viajes

tanto al purgatorio como al infierno. En cambio, su existencia es negada por la

Iglesia griega y mayoritariamente por las distintas herejías

También, a través de «Los Milagros», nos presenta rasgos sobre la corte

del Diablo; nos la presenta con aspecto feudal, reproduciendo la mentalidad del siglo

XIII, como proyección de lo cotidiano. Es una jerarquía dictatorial invertida; el

más perverso es el que domina. Es como el señor feudal del infierno con sus án

geles-

demonios caídos y con todos los condenados-seguidores alrededor. Así,

cuando pecó contra Dios, su señor, quedó desterrado; en el infierno crea su propio

feudo y corte, donde queda como un rey o príncipe («Príncipe de Smirna»).

Por ello se ve en las descripciones del infierno y purgatorio a lo largo de los diferentes

Milagros a sus demonios realizando los trabajos de torturar; otros aparecen

con la función de adueñarse de las almas de los condenados y trasladarlos a uno

de esos sitios, quedando equiparados a diferentes oficios medievales, como puedan

ser sayones o adelantados. También se ve un demonio con función de juezportavoz;

la creencia popular le denomina Belial («procurator nequitcae infernaíis

»), pero Berceo le denomina «vozero»; «de la otra parte recudió el vozero, un

sabidor diablo, sotil e muy puntero».

Hay que tener en cuenta que incluso se tenía la creencia generalizada de que

el Diablo tenía una familia; por ejemplo, que los pecados capitales eran sus hijos,

de lo cual no hay rastro en «Los Milagros». A lo que sí se refiere es a la organización

de los demonios como concejo municipal medieval; «tornó a los diablos,

consejo encarnado». Otro rasgo destacable que podemos deducir es que esa

corte-concejo tiene cierta movilidad, apareciendo en el Milagro de Teófilo en una

tienda para recibir su pacto. Respecto a esto no hay ninguna confusión; los describe

como demonios-corte y no como una reunión de seguidores alrededor del

propio Diablo, que es como se caracteriza un aquelarre. También se refiere Berceo

a un conjunto de demonios como mesnada; igual hace con un grupo de ángeles,

usando ahora la dialéctica medieval en su vertiente más militar, relacionada con las

luchas en los diferentes planos, como ya he explicado.

Hay que matizar que tanto esta corte de demonios como los sirvientes, adoradores

y condenados están degradados a ojos de Dios; son pecadores arrastrados

por el pecado. Esa proliferación de demonios menores y seres

intermed¡os(santos, ángeles) se explica por la asimilación de muchos demonios,

dioses, semidiosas, espíritus... de la tradición pagana, sobre todo nórdica; así, se

llena todo de seres intermedios más cercanos a nuestra vivencia y más habituales.

Sobre todo, se da esta asimilación a principios de la Edad Media; luego la Iglesia

frena esa asimilación masiva de cultos de origen pagano, quedando configurado el

santoral con la «Leyenda Dorada» de Jacobo de Vorágine, una vez que todo ya ha

quedado lleno de esos seres, la mayoría «exportados» de tradiciones ajenas a la

tradición cristiana y ahora readaptadas e integradas; así ocupan todos los as

pectos

de las vivencias del hombre medieval, desde los más grandiosos hasta los

más minúsculos y cotidianos.

BIBLIOGRAFÍA

Versión recomendada de «Los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo»; la usada

para la elaboración de este estudio, publicada por Edicomunicación (Barcelona, 1992) con edición y notas

de Jorge Garza Castillo, y prólogo de Francesc-Lluís Cardona

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________________________________________

LA MAYORIA DE ESTOS LIBROS, SON VERSIONES MODERNAS DE LIBROS DE LA EDAD MEDIA, IGUAL QUE EL PRESENTE ESTUDIO, RELATO SOBRE UN TRATADO DE "HISTORIAS MEDIEVALES",RECOPILADO DE LOS LIBROS ANEXOS. DATADOS ENTRE EL SIGLO X-XII; ALGUNOS, HASTA POSTERIORES

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