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jueves, 6 de octubre de 2011

'El Resplandor'll


'El Resplandor' tendrá segunda parte: Stephen King, maestro del ...
El autor estadounidense Stephen King, maestro de la literatura de terror y suspenso, reveló que actualmente escribe la continuación de su famosa novela ' El ...
www.elespacio.com.co/.../38803-el-resplandor-tendra-segunda...


Presenta Feria del Libro títulos para toda la familia
Heraldo de chihuahua
El hábito de la lectura se forma en los primeros años, y para acercar el maravilloso mundo de la literatura a los jóvenes y niños el módulo de Selector tiene toda una colección que va desde clásicos de terror, como Drácula, hasta la historia de la ...


Blanca Vázquez - laRepúblicaCultural.es

Producciones Vinalia Trippers: os hablamos de Vicente Muñoz Álvarez y un talentoso grupo de escritores hace unos meses con la publicación de una joya, Beatitud, visiones de la beat generation, con la que nos apuntamos al carro de seguirles. También descubrimos que Muñoz Álvarez, junto a un tropel de autores, son los responsables del proyecto editorial Vinalia Trippers que saca a la luz el fanzine Vinalia bolsillo y un cuadernito de poemas, a cual más sorprendente, llamado Poemash. Escritores y poetas que dejan lo mejor y más original de sí mismos en unos relatos repletos de cómics e ilustraciones. Pero si hay algo que llama la atención con estos relatos, variados, imaginativos, proezas únicas, misteriosas, socarronas, cínicas, barrocas, delirantes, es el magma diabólico y el menú del conjunto de escritores e ilustradores reunidos en un “número 11” imprescindible para leer algo diferente de lo predigerido y fagocitado por el mercado. Trippers From the Crypt, el Vinalia nº 11, junto a su Poemash (especial Masters of Horror) es un regalo para lectores ambiciosos, aquellos que buscan y rebuscan salir de las costuras marcadas por los mismos modistos de siempre.

En un virtuoso arte de mezclar horror, misterio, risas, y absurdo Octavio Gómez Milián, José Ángel Barrueco, Vanity Dust, David Vicente, Javier Das, Choche, Patxi Izurzun, Carlos Salem, David Refoyo, Pepe Pereza, Safrika y muchos más igual de inimitables, a los que se unen ilustradores como Mik Baro (portada), J. Kalvellido, Bonilla, Santi Jurado, Rodrigo Visceria, Maica Campos, Abel García, Ferre, María Luisa Porto y más, más, más; en total cerca de 80 autores, entre narradores, poetas e ilustradores, ponen toda la carne en el asador para conseguir un fanzine asombroso.

Trippers From the Crypt es un monumental cuadernillo, pequeño pero inmenso, donde la batidora verbal y visual de sus responsables le da un toque levemente extravagante que se digiere entre sorpresa en sorpresa. Ideal para tomarlo en dosis diarias, por ejemplo: antes de acostarse, se le quitarán los miedos, se lo aseguro.

Esta psicotrópica antología marciana de relatos para adultos, como la denomina el propio Muñoz Álvarez, (aunque lo haga para el número 9, sirve la descripción para el que os presento) está cargada de bizarrismo y poemas más que curiosos. Relatos de los que gustarán unos más que otros, sin duda, pues todos los lectores tenemos nuestras manías.

La historia de Vinalia Trippers comienza en 1995 cuando un grupo de almas gemelas con inquietud literaria editaron un fanzine que reuniera relatos e ilustraciones unidas por un estilo común y de una calidad indiscutible. Fanzine y librito de poemas que se pueden considerar de bolsillo. Superando crisis y cambios tecnológicos, aquí siguen dando caña y gusto. “No nos hemos ceñido en la selección a ese modo de entender el relato breve, formalista y rígido, sino que hemos optado por un concepto más flexible, tanto desde el punto de vista de la extensión como de su contenido, incluyendo algunos textos que como ya antes mencioné pertenecen más bien a otros géneros, pero que nos parecieron perfectamente afines al espíritu de Vinalia” puntualiza este poeta, narrador y editor leonés que en el comienzo de la segunda década del nuevo siglo hace funcionar a toda máquina su nave Vinalia repleta de hombres lobo, zombis, brujas, nazis, vampiros y asesinos sanguinolentos.

Y para mi, que soy una amante enfebrecida del cine, ver como el mundo del celuloide se mezcla con la poesía en el Poemash que acompaña a este nº 11 es un placer inesperado. Las últimas palabras de Norman Bates a su madre de Joaquín Piqueras, El vigilante (homenaje a Jack Torrance, El resplandor) de Sonia San Román,Etiqueta de culpabilidad, de Ángel Muñoz Rodríguez (inspirado en la serie televisiva de la Fox, The Walking Dead), o Voodoo House, del propio Vicente Muñoz Álvarez son el postre ideal para completar un fanzine con la actuación especial de Vic The Ripper, Xen the Sexton, Silvi Shelley o Vlad Eich, que nos anuncian en un prólogo especial el miedo que vamos a pasar con 30 cuentos de terror ilustrados más alguna espeluznante sorpresa, escritos todos con un espíritu pulp de antaño, evocando un tipo de literatura de evasión que tanto se echa en falta en estos tiempos.

Todo un grupo de escritores e ilustradores que caminan zombis hacia el número 12.





lunes, 14 de febrero de 2011

TIENES ALGO QUE DECIR, CONTAR, Y / O , DENUNCIAR


TIENES ALGO QUE DECIR, CONTAR, Y / O , DENUNCIAR?:


Se ceden los blogs, para quien quiera subir algo, lo suba; solo durante el mes de Febrero: Unico requisito, tener algo que decir, y mandar lo que se quiera a: silesiusz@gmail.com.
Se pondra en todos los sitios de Snake; fotografias, no, ya que es tamaño para imagenes, esta superado, y a poder ser, lo mejor escrito posible, y sin fallas, dentro de lo posible.

ES VUESTRO MOMENTO

                                          ATENTAMENTE : SNAKE

jueves, 14 de octubre de 2010

Tiros de gracia -- Pequeña Antología -- Francisco Umbral



Tiros de gracia

Pequeña Antología

Francisco Umbral



Canibalismo estético
Solo robando de otro se aprende a escribir, y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre los han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós. Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra.
Toda gran obra es un botín múltiple. Al artista le está permitido llevarse el oro de los palacios, siempre que no lo empeñe al día siguiente en Veguillas, sino que haga, de un tenedor, una miniatura a lo Cellini.
El periodista
Nosotros, los chicos, como teníamos poco dinero para libros, leíamos muchos periódicos, muchos artículos, y así, por razones económicas, no hicimos articulistas. El artículo era la flecha rápida que se dispara al aire. Para conseguir un buen artículo hay que quemar un ensayo, un soneto y una noticia. Así era como nos hacíamos articulistas. Una idea rápida, un dinero rápido, la guerra de guerrillas, la lucha de cada día. Se da el golpe aquí y se sale huyendo hacia el otro extremo de la ciudad. Unos artículos pegaban mucho, y entonces convenía salir con unos lirismos refrescantes. El descubrimiento del artículo fue vital para uno, como forma de vida, como forma de lucha, como arma de trabajo, como instrumento de guerra, como explosión lírica, siempre entre el estilismo y el terrorismo, que es como debe moverse un articulista.
Rubén Darío
Indio con entorchados (casi se adivinan los pies descalzos por debajo del uniforme diplomático), "negro" con alma de princesa cachonda y pianista ("negro" lo llama Valle-Inclán, que tanto robó y plagió de él), cuaco idolizado, fabuloso derrumbe humano que iluminó Madrid, que habitó París. Impar como una ruina, precolombino y único, parisiense, madrileño, poeta solo de la noche occidental. Rubén es el que mata a Campoamor, a Núñez de Arce, a los neoclásicos escayolados y a los últimos románticos de peluche. Rubén tiene esa cosa inaugural y festival del que vuelve la esquina de un siglo. Todo genio revolucionario, nuevo, todo el que entorna un siglo y abre otro (y no hablo del calendario), es el hombre que deserta de la realidad dada, que trae una realidad nueva, no sabe de dónde. Lleno de las abrumaciones de todo lo que ya le pesa en la espalda, atlante que carga con el mundo para instalarlo en alguna parte, Rubén se tambalea bajo el peso del universo venidero que se le ha subido a hombros, y los madrileños y los críticos creen que se tambalea de whisky.
Valle-Inclán
Cuando Valle-Inclán cambia de estética y empieza a ser un gran escritor, es cuando comienza a escribir con la mano que le falta, a trabajar su obra con el brazo que no tiene, y entonces le sale un Modernismo zurdo que es ya el esperpento. El esperpento no es sino un subrayado violento de lo que no se ve, para que se vea. Juan Ramón [Jiménez] espiritualiza a Rubén, suprime la orquesta.
Valle-Inclán tremendiza a Rubén, principia a hacer la estética del horror. Valle-Inclán es un pájaro piparro y galaico con los ojos de Quevedo, la barba de los quietistas, el dandismo desplanchado de los malditos y la dignidad aventajada de los hidalgos, con manchas de café. Valle, por supuesto, no respeta los géneros, y pasa de unos a otros como cruza las habitaciones de su casa. Valle-Inclán está en la corriente antigua, violenta y fecunda del pensamiento euroasiático. No en vano escribiría unos ejercicios espirituales que tienen mucho de hindú.
Pérez Galdós
Galdós es exactamente el cadáver ni siquiera exquisito que hay que enterrar, porque, con su obra ingente, memoriosa y vulgar, está apuntalando la realidad convencional y burguesa, la idea burguesa y utilitaria de la realidad. Galdós, pues, es el gran estorbo del 98 y del Modernismo. Galdós, cuando se pone estilista, dice que Tristana tenía "una boquirrita"... Y es cuando arrojamos el libro.
Tuvo, desde muy pronto, cara verde de billete de mil pesetas, avaricia literaria de solterón putañero, alma de portera y una grandeza de indiano enriquecido que se explica por su origen canario, casi americano.
Miguel de Unamuno
Unamuno viste a Dios de barbita de prestamista, jersey alto, zapatos feos y voz aguda e imperativa. Unamuno viste a Dios de Unamuno. Aparte la falta de oído, Unamuno no puede ser poeta porque el moralismo (Dios está obligado a ser moralista) se lo impide. Desprecia los géneros y los destroza, no por una saludable acracia literaria, sino porque pretende convertirlos en herramientas de su relojería divina.
El místico Unamuno no ve la Creación como obra del Creador, sino al Creador como creador de Unamuno. Unamuno, más que buscar a Dios, pretende denunciarlo. De modo que es un místico puro y absoluto, un hombre que se busca a sí mismo a través de Dios, o a la inversa. En estos largos monólogos con Dios (consigo mismo) es donde está el gran Unamuno lírico, adivinador, fluente, profundo y fecundo. Ortega filosofa para marquesas, y Unamuno para seminaristas.
Eugenio D'Ors
Era demasiado cínico para la izquierda, demasiado heterodoxo para la derecha (prefería la liturgia a la Verdad), demasiado irónico para todos, goethiano en un país que no ha leído a Goethe, clásico en un país barroco, estético en un país que sólo hace guerras civiles por la ética. Él se sitúa bajo el signo del oso, añadiéndole una "de" apostrófica a su apellido, por eufonía y por d'annunzianismo, y, en efecto, es el viejo y noble oso catalán, que mira con nostalgia las ciudades de donde ha sido exiliado, hasta que el oso se viste de alpaca clara de verano y baja a tomarse un café a las Ramblas. Lo hizo todo y todo lo hizo bien.
Aporta a la literatura un nuevo género, la glosa, y deja temblando en el aire, para siempre, de modo fascinante, una sutil dialéctica entre lo clásico y lo barroco, la dualidad fecundante de su persona y obra.
Vicente Aleixandre
Estuve con él en Miraflores de la Sierra, un verano, y me dijo: "Este es el paisaje de 'La destrucción del amor'. Grandes ondulaciones del espacio, alta montaña, paisajes plurales, el cielo como un águila al mediodía, el perfume del mundo enverano: perfume macho y hembra de la gran naturaleza. Luego, no todo era inventado.
Dábamos algún paseo por el pueblo y nos hicimos una foto bajo un árbol milenario, de tronco muy ancho, en torno del cual se sentaban los viejos. Vicente, como Rilke, escuchaba el rumor interno de aquel tronco, por el que subían los siglos hasta el esplendor verde de la cúpula. Y, en la cúpula, claro, había pájaros inéditos diciendo su palabra minutísima a los hombres.
Manuel Azaña
Azaña, feo y grande, miope y antipático, lleva dentro un dandy madrileño que luego se afinaría en París, entre putas y libros, hasta llegar a la displicencia desplanchada de los grandes indiferentes, que son los grandes apasionados. Ortega es el juguete filosófico de las princesas, y Azaña no es más que un ateneísta, pregnado de esa aura de sopa vieja y derecho administrativo que tiene el Ateneo de Madrid. Azaña es el que se queda plantado entre la política y la literatura; en Azaña, el verbo se hace carne republicana y habita entre nosotros. A la derecha y los agrarios debiera bastarles con las verdades de plata qual gordo más esbelto de España, al genio natural y moderado de la política, al que los iba salvar a todos, y claro que se enteraron, pero preferían no hablar de eso, sino de las verrugas de Azaña y de su "marxismo" (!).
Estaban ciegos de luz, la luz del gran estadista, y organizaron las tinieblas con brillos de espada. Señorito golfo untado de almagre femenino y popular, iba comprendiendo que sólo podría ser mártir o malogrado. Putas de París y chalequeras de Madrid que lo hicieron hombre, hoy asciende a los cielos en una nube de humo de churros y convento en llamas.
La Guerra Civil
La prosa es el pulso de un país, así como la poesía puede que sea su perfume. España se queda sin pulso durante los tres años de la guerra, como se queda sin cosechas. Jamás un himno militar sustituirá a una metáfora. Las guerras producen mucha literatura, pero después. La guerra, que queda como un formidable estruendo en mitad de la Historia, es, en realidad, un pavoroso silencio: el silencio de un pueblo que ya no piensa, que ya no trabaja con el idioma, que ya no hace todos los días su tarea intelectual, gramatical, creadora. Ese gran silencio, cementerial y obtuso, es lo que oigo yo cuando aplico el oído al pecho de España, aquella España muerta del 36-39, donde solo pegan gritos los cadáveres. Entre la ingente chatarra de la guerra, nadie ha hablado nunca de la chatarra gramatical, literaria, herrumbrada y muda, en que vienen a parar diez siglos de caligrafía y bellas palabras.
Mujeres
[Vedettes] Las supervedettes solían estar en el camerino con una gran capa de vuelo, toda roja y abroquelada, y de la abertura de la capa salían sus piernas largas, sus muslos cónicos, su femineidad temblorosa, excesiva, reiterada y como en peligro. Era la mujer que lo tenía todo, el flan humano, la de ojos claros y luminarios, y los pechos le quedaban grandiosos dentro del corpiño de lentejuelas, como dos palomas gordas en el nido de plumas azules y verdes del vestido, y su piel tenía una calidad que solo tiene la piel de las supervedettes, una calidad de pastelería y de momia egipcia el mismo tiempo, algo atractivo y nauseabundo, una sexualidad oceánica en la que hubiéramos querido perdernos los jóvenes entrevistadores de provincias.
[Flamencas] Las grandes flamenconas, las de mi arma, las que triunfaban en teatros enormes y escorados, como barcos viejos, quietos y salobres. Demasiada mujer. Tenían un algo de axila populosa que nos echaba para atrás. Qué señoras. Movían las manos oscuras y anilladas como mariposas grandes del trópico, con redondeles en las alas, que eran los anillos. Nuestra aparición pálida y delgada era algo a lo que no estaban hechos sus ojos de selva. No tenían la pupila hecha a visiones tan vagas. Sus hombres eran cetrinos, cenceños, remorenos, oscuros, compactos, con la voz negra y el pelo furioso.


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